Con la recuperación del Covid-19, también se recuperaron los vuelos al aumentar las listas de pasajeros dispuestos a volar. Pero con la última crisis económica ( guerra de Ucrania, etc …. ) han aumentado de manera muy importante los precios de productos y servicios, y eso también afecta a los vuelos de bajo coste.

He leído unas declaraciones del presidente de  Ryanair  ( Mr. O’Leary ) diciendo que en su opinión la gente se debe de olvidar de las tarifas baratas del pasado, vuelos por un precio de 10 euros y a veces menos, debido a los nuevos precios de todo tipo de suministros.

Casi seguro que tiene razón, pues él conoce bien su negocio, pero yo creo que la reflexión debería de ser bastante más profunda. En especial cuando este pasado verano las altas temperaturas que hemos sufrido nos han enviado a todos un mensaje alto y claro: La Emergencia Climática está aquí, la vamos a sufrir en nuestras carnes, y sus consecuencias van a ser muy, pero que muy costosas.

Y ante esa disyuntiva tan importante, las personas nos deberíamos de replantear con el máximo de seriedad lo que hacemos, lo que consumimos, y la necesidad de todo ello. En definitiva, nuestro modo de vivir. Con tranquilidad y sin dramatismos, pero también con un poco de seriedad, pensando en el medio/largo plazo, y en el futuro que dejamos a nuestros descendientes.

Y dentro de ese replanteamiento están los vuelos baratos ( muy baratos ) que nos ofrecen empresas como Ryanair, Easyjet, y otros muchas. En muchas de las ocasiones no son en absoluto necesarios; los hacemos porque podemos pagarlos, sin pensar en el efecto contaminante que generamos.

Lo que reflexiono de los vuelos baratos, se puede aplicar a otras muchas cosas, pero que ésta es de las menos “necesarias”. Si no vamos a pasar un fin de semana con unos amigos a 600 Km. o más de distancia no pasa nada. Podemos pasar ese fin de semana de otra manera contaminando menos, y disfrutando de lo que nos rodea.

Para estar razonablemente feliz, no es necesario gastar mucho dinero, ni ir muy lejos, ni hacer mucho ruido, ni comprar y poseer muchas cosas, ni ….  tantas cosas que nos despistan en nuestro día a día.

Vivimos en una sociedad de consumo que nos empuja a consumir sin pensar, y de eso se ocupan las empresas y el marketing que nos inunda. Pero nosotros tenemos la facultad de pensar con espíritu crítico, y la obligación de dejar a nuestros nietos una naturaleza similar o mejor de la que recibimos de nuestros mayores.

Y este verano todos hemos recibido un mensaje muy claro por parte de nuestro planeta. ¿ Lo vamos a escuchar ?   ¿ Y vamos a hacer algo al respecto ?

De cada uno de nosotros depende aportar nuestro granito de arena. Que estoy seguro que es muy pequeño, pero por algo se empieza.

                                                           ***

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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