En efecto, los datos aportados por unos investigadores holandeses ( Leiden University ) indican que en el año 2019 desechamos del orden de 18 billones de animales, y eso es la cuarta parte de todos los animales que criamos para la alimentación humana.

Vista la magnitud de las cifras parece cosa de locos, en especial si pensamos en la cantidad de trabajo y energía que se consume para nada, para tirarla a la basura.

La mayoría del desperdicio se produce en los países donde más carne se come, estando a la cabeza China, USA y Brasil. Aunque supongo que la desarrollada Europa no estará muy lejos.

Las razones del desperdicio de animales en la industria alimentaria son diversas. Algunas de las más comunes son:

  • Muertes accidentales: Los animales pueden morir accidentalmente en el proceso de producción, por ejemplo, por enfermedades, lesiones o errores humanos.
  • Estandarización: La industria alimentaria se basa en la estandarización, lo que significa que solo los animales que cumplen con ciertos criterios pueden venderse. Los animales que no cumplen con estos criterios pueden ser desechados, incluso si son sanos y comestibles.
  • Cambios en la demanda: La demanda de carne puede variar en función de la temporada, las tendencias alimentarias o los factores económicos. Cuando la demanda es baja, los productores pueden verse obligados a desechar los animales que no pueden venderse.

El desperdicio de animales tiene una serie de consecuencias negativas, tanto para el medio ambiente como para la sociedad.

  • Impacto ambiental: El desperdicio de animales contribuye al cambio climático, la contaminación del agua y la pérdida de biodiversidad.
  • Costes económicos: El desperdicio de animales supone un coste económico para los productores, los consumidores y la sociedad en general.
  • Problemas éticos: El desperdicio de animales plantea problemas éticos, ya que implica el sufrimiento y la muerte de animales que podrían haber sido utilizados para alimentar a las personas.

No hay mucho que podamos hacer los usuarios, pero siempre se puede hacer algo. Como por ejemplo tomar decisiones de compra que ayuden a reducir el desperdicio de animales, eligiendo productos de temporada y de origen local.

Y podemos hacer algo más importante aún, reduciendo nuestro consumo de carne: La carne es el producto alimenticio que más contribuye al desperdicio de animales. Si reducimos nuestro consumo de carne, reduciremos la cantidad de animales que se crían y, por lo tanto, la cantidad de animales que se desperdician.

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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