Cada vez hay más gente que hace hincapié en que para conseguir los objetivos climáticos del año 2050 necesitamos reducir nuestro consumo energético más de un 50%. Y eso no es nada fácil.

Solo para que tengamos un dato: en el año 2000, los combustibles fósiles aportaron el 80% de la energía que consumimos en el mundo; y en el año 2019 aportaron el 81% de esa energía.

Lo cual indica que a pesar del gran aumento en los últimos años de la generación de energía por medios renovables, el aumento del consumo energético mundial ha sido tan grande que la mayor parte de la energía la seguimos obteniendo de los combustibles fósiles.

Y esto no va a cambiar en poco tiempo, si no cambiamos la premisa principal de nuestro problema, que es el enorme consumo energético que tenemos en los países desarrollados y que sigue en aumento. Es decir, si no cambiamos nuestra manera de vivir.

Y eso queridos amigos son palabras mayores.

Porque nadie quiere vivir “peor” de lo que vivía antes. Pero hemos de tener en cuenta que lo de mejor o peor es algo totalmente subjetivo, y depende por completo de nuestra percepción.

Podemos vivir bien en las ciudades usando más el transporte público y contaminando menos.

Podemos vivir bien en invierno graduando la calefacción a 18ºC en lugar de a 23ºC, y por lo tanto consumir menos.

Igual en verano, graduando el aire acondicionado a 26ºC 

Además de reciclar lo que consumimos, podemos vivir bien consumiendo cosas de proximidad y de temporada minimizando el rastro contaminante.

Podemos cambiar nuestras costumbres alimenticias y comer menos carnes rojas y disminuir nuestra huella ambiental.

Y etc, etc, etc ….

Podemos hacer muchas cosas viviendo “bien” pero con sentido común y pensando en lo que hacemos, y en definitiva consumiendo menos.

Corresponde a las Administraciones mentalizar a sus ciudadanos para que cambien sus costumbres, y a la vez cambiar de manera rápida y urgente los medios de generación energética, para que la electricidad no sea contaminante.

Se dispone de la tecnología, y lo que hay que tener es la voluntad de realizar las inversiones necesarias, para no tener que gastar el dinero más tarde en remediar los descalabros que ocasionemos. Evitar los problemas, por caro que sea, cuesta mucho menos que reparar sus consecuencias.

Nuestro comportamiento social necesita ser repensado y modificado en profundidad, pero no veo a nadie que ni tan siquiera se lo proponga.

Nosotros, o mejor, nuestros descendientes pagarán las consecuencias de nuestra estupidez y egoísmo a corto plazo.

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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