Podemos decir que en los últimos 100 años los coches cambiaron nuestra manera de vivir, empezando por los USA y siguiendo por el resto del mundo. Influidos por los coches hemos desarrollado las ciudades, nuestra manera de movernos, de trabajar, etc …  y en definitiva nuestra manera de vivir.

Ese coche que nos ha ayudado tanto, después de más de 100 años nos encontramos con que es un lastre que contamina nuestro entorno, al que debemos de encontrar una alternativa. Y la alternativa parece ser el coche eléctrico, pero 100 años de historia no se cambian de un día para otro.

El año pasado se fabricaron en el mundo alrededor de 80 millones de coches, y apenas el 2% de ellos fueron eléctricos. Cuando algunos países y estados dicen que prohíben la venta de coches de gasolina para el año 2030 y 2035, no creo que en ese tiempo los fabricantes de automóviles puedan ser capaces de suministrar 80 millones de coches eléctricos cada año.

No sé lo que sucederá, pero habrá algunos objetivos que no se cumplirán. Aunque reconozco que es bueno ponerse objetivos ambiciosos para conseguir cambiar la degeneración de nuestro entorno.

El PROBLEMA es que no se trata de cambiar de tipo de coche para evitar la Emergencia Climática, sino cambiar nuestra manera de pensar y de vivir. El coche solo es una herramienta más ( aunque muy importante ) de las que usamos para vivir el día a día.

El coche eléctrico es una nueva revolución en el mundo de los coches, y está por ver cuales serán las empresas que se mantendrán en el futuro. Algunas empresas, y en especial en Asia, se han lanzado de cabeza a este nuevo nicho para intentar hacerse un hueco en el nuevo mercado que ya todo el mundo vislumbra.

El factor diferencial del coche eléctrico es la batería, y hoy los mayores fabricantes de baterías están en Asia ( son empresas de China, Corea y Japón ), por lo que parte del dominio occidental del mercado actual del automóvil puede que bascule hacia oriente en el futuro.

Pero la movilidad futura no es solo el coche eléctrico. Sino también otras alternativas sostenibles como la bici ( que también puede ser eléctrica ), los patinetes eléctricos, y sin olvidar nunca el transporte público.

Tenemos que readaptar las ciudades para movernos de otra manera, y que ésta sea sostenible. Y nosotros mentalizarnos para adoptar cuanto antes nuevas costumbres sostenibles con nuestro entorno. Nos jugamos la herencia del entorno que dejemos a nuestros descendientes.

Estamos metidos de lleno en una revolución del transporte, aún incipiente pero que va a producir muchos cambios en los próximos años. Y como siempre sucede, los que antes se adapten serán los que salgan mejor parados.

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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