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Porque el verano de 2026 no da tregua. Y no es una sensación exagerada: los datos lo confirman. Entre el 1 de junio y el 15 de julio, la temperatura media en España se situó 3,3 grados por encima de lo normal, lo que convierte este arranque en el más cálido desde que comenzaron los registros, en 1961. Y no hablamos de un episodio aislado: en apenas seis semanas ya hemos vivido dos olas de calor oficiales, con una tercera en el horizonte.

De hecho, mientras escribo esto, avisan que una nueva masa de aire extremadamente cálido procedente del Sáhara amenaza con elevar los termómetros hasta los 45 grados en el centro y sur peninsular. Córdoba, Sevilla, Badajoz o Toledo podrían encadenar varios días por encima de los 43 grados.

¿Olas de calor o el nuevo clima normal? Aquí está la pregunta incómoda: ¿tiene sentido seguir hablando de «olas de calor» como si fueran excepciones puntuales, o deberíamos aceptar que esta es, sencillamente, la nueva normalidad térmica?

Los datos apuntan claramente a la segunda opción. Los modelos climáticos confirman que la frecuencia de las olas de calor en España ha aumentado un 300% desde 1980. Y si miramos hacia delante, el panorama no mejora: el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático prevé que, en 2040, las olas de calor durarán 22 días más que en 1990. Y lo mismo sucede en Europa y en otras partes.

Los científicos llevan décadas avisando de esto. No es sorpresa, es cumplimiento de guion. Y ahora, ¿qué?   Y aquí llega la parte más frustrante: seguimos sin actuar a la velocidad que la emergencia climática exige. Contaminamos casi como si nada de esto nos afectara directamente.

Y no, quienes niegan la evidencia del cambio climático —a menudo cerca de posiciones políticas de extrema derecha— no lo hacen por ignorancia. Detrás hay intereses económicos muy poderosos que se benefician de que sigamos como estamos. Y, de momento, parece que van ganando la partida.

Frente a este panorama, la respuesta no puede ser la resignación. Cada persona, desde su propio ámbito, puede aportar su granito de arena: consumir de forma más consciente, apoyar iniciativas sostenibles, y no callarse en foros, redes sociales o conversaciones familiares.

Además, quienes apuestan de verdad por la sostenibilidad no solo hacen lo correcto: se están posicionando para el futuro. China, por ejemplo, creo que lo tiene muy claro y está tomando la delantera en energías renovables y tecnología limpia. Las empresas que se adelanten serán las que salgan ganando cuando el resto se vea obligado a reaccionar.

El calor extremo ya no es una amenaza lejana. Es este verano, es el próximo, y será cada vez más intenso si no cambiamos de rumbo. Pero la buena noticia es que el rumbo aún se puede cambiar. Depende, en buena medida, de todos nosotros. Así que no nos rindamos nunca, nunca, nunca.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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