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La guerra de Ucrania está dejando una lección que probablemente marcará la estrategia militar durante décadas: los drones han cambiado el campo de batalla. Y lo más curioso es que ahora son los militares ucranianos quienes están enseñando a algunos de sus colegas europeos y norteamericanos cómo combatir en un escenario dominado por estos pequeños aparatos.

Un buen ejemplo se produjo en Alemania durante los ejercicios militares Combined Resolve. En estas maniobras participaron fuerzas estadounidenses y de otros países, con carros de combate M1 Abrams incluidos. Los militares ucranianos utilizaron su experiencia real para poner a prueba tácticas basadas en drones de reconocimiento, sistemas FPV y guerra electrónica.

Según una información publicada por The Wall Street Journal, los operadores ucranianos consiguieron detectar y simular la destrucción de numerosos vehículos y efectivos estadounidenses. No se trataba, naturalmente, de una batalla real: era un ejercicio de simulación. Pero el resultado fue suficientemente llamativo como para poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cómo deben utilizarse los carros de combate en una guerra donde prácticamente todo puede ser observado desde el aire?

La experiencia ucraniana tiene un enorme valor porque no procede únicamente de simuladores o manuales militares. Durante más de cuatro años de guerra, sus soldados han aprendido, muchas veces a un coste terrible, cómo localizar, ocultar, atacar y protegerse frente a los drones.

Y la transformación no afecta solamente a los carros de combate. El campo de batalla se ha vuelto mucho más transparente. Un vehículo que permanece demasiado tiempo en un lugar, una concentración de soldados o incluso una posición aparentemente escondida pueden ser detectados por un dron en cuestión de minutos.

Las cifras ayudan a entender la magnitud del cambio. Las estimaciones de pérdidas rusas en vehículos blindados superan ampliamente las 14.000 unidades en algunas recopilaciones basadas en evidencias visuales. Por su parte, Ucrania afirma cifras todavía mayores para las pérdidas rusas, aunque estas cifras no pueden considerarse plenamente verificadas de forma independiente.

Esto no significa que los tanques hayan dejado de ser útiles. Más bien significa que ya no pueden utilizarse como antes. Necesitan protección frente a drones, apoyo de infantería, guerra electrónica, camuflaje, movilidad y una coordinación mucho más precisa con otras unidades.

La paradoja es fascinante. Estados Unidos y varios países europeos disponen de enormes recursos tecnológicos, pero Ucrania posee algo que no se puede comprar fácilmente: experiencia de combate real contra un adversario con una capacidad militar considerable. Y esa experiencia está empezando a cambiar la doctrina militar occidental.

Mientras tanto, la guerra continúa. En febrero de 2027 se cumplirán cinco años de la invasión a gran escala iniciada por Rusia en febrero de 2022; será, por tanto, el quinto aniversario, no la entrada en el quinto año. Las estimaciones sobre las víctimas militares son extraordinariamente inciertas, pero algunas investigaciones sitúan las muertes rusas en cientos de miles y las ucranianas también en cifras muy elevadas. La realidad podría ser todavía peor.

Y aquí aparece la parte más triste de esta historia. Somos capaces de aprender rápidamente cómo utilizar un dron para destruir un tanque. Aprendemos a detectar al enemigo, a mejorar nuestros sistemas electrónicos y a diseñar nuevas armas.

Pero seguimos sin aprender suficientemente bien algo mucho más importante: cómo evitar las guerras. La tecnología avanza a una velocidad extraordinaria. La capacidad humana para resolver sus conflictos de manera pacífica, desgraciadamente, parece avanzar mucho más despacio.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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