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Hace unas semanas conocí una noticia que me pareció de las más importantes del año: un grupo de más de 100 exastronautas de la NASA ha decidido unir fuerzas para defender algo que va mucho más allá del espacio: la democracia de su país.
El movimiento se llama Astronautas por América (Astronauts for America, AFA) y nació el 21 de abril de 2026, impulsado por figuras como Garrett Reisman y Steve Lindsey, quienes ejercen como codirectores de la organización. A ellos se han sumado nombres tan conocidos como Charlie Bolden, exadministrador de la NASA, o la astronauta Cady Coleman.
Lo primero que llama la atención es que estos astronautas insisten, una y otra vez, en que su iniciativa no es partidista. Entre sus miembros hay republicanos, demócratas e independientes, personas de todos los rincones del país que comparten algo en común: el juramento que hicieron al convertirse en astronautas de defender la Constitución de los Estados Unidos.
Ese compromiso, explican, no termina cuando cuelgan el traje espacial. Por eso hablan de una nueva misión, quizá la más importante de sus carreras: «hoy, nuestro país es la misión».

El grupo señala que, durante las últimas décadas, la polarización política ha ido debilitando poco a poco los equilibrios institucionales de su país: el respeto entre poderes, la confianza en la ciencia, la transferencia pacífica del poder y el propio Estado de derecho.
Y lo explican con una comparación muy propia de quienes han volado al espacio: cuando en una misión se ignoran los datos y la evidencia, se pone en riesgo el éxito de la misión, e incluso la vida de la tripulación. En democracia, ignorar la evidencia tiene un coste parecido: se pierde confianza, estabilidad y prestigio internacional.
Entre sus objetivos concretos, Astronautas por América plantea:
. Promover la toma de decisiones basada en evidencia y en el método científico.
. Evaluar a los cargos electos según su respeto a los principios constitucionales, no según su partido.
. Fomentar la participación ciudadana, o sea: el voto, especialmente entre las nuevas generaciones.
. Reunir a líderes de distintos sectores para reconstruir la confianza en las instituciones.
Quienes han visto la Tierra desde la ventanilla de una nave espacial suelen repetir la misma idea: desde ahí arriba no se ven fronteras ni banderas, solo un planeta compartido. Es esa mirada la que ahora traen de vuelta a la Tierra, convertida en un llamamiento a la unidad.
Pero hay algo que resulta difícil de ignorar: cuando más de cien personas que han arriesgado su vida por su país deciden hablar con una sola voz, vale la pena escuchar lo que tienen que decir. Como ellos mismos recuerdan, en democracia —igual que en el espacio— lo que nos une siempre pesa más que lo que nos separa.
No sabemos si esta iniciativa logrará el impacto que sus impulsores desean. La polarización política es un fenómeno complejo, con intereses muy poderosos detrás, y no será fácil de revertir con un solo gesto, por simbólico que sea.
Es de reconocer la valentía del paso que han dado, y les deseo lo mejor.