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Los robots humanoides se han convertido en una de las grandes estrellas de la inteligencia artificial. Aparecen en fábricas, almacenes, ferias tecnológicas y demostraciones cada vez más espectaculares. La idea resulta fascinante: máquinas con forma humana capaces de entender instrucciones, moverse por nuestro entorno y realizar tareas que hasta ahora dependían de personas.

Pero hay una pregunta que conviene hacerse: ¿realmente necesitamos que los robots tengan forma humana?

El interés económico explica buena parte de esta fiebre. Algunas estimaciones sitúan el mercado de la robótica de propósito general en torno a los 370.000 millones de dólares en 2040. La cifra puede ser muy optimista, pero incluso aunque se quede lejos, estamos hablando de un mercado enorme y con un potencial de crecimiento extraordinario. Y cuando aparece un mercado de semejante tamaño, nadie quiere quedarse fuera.

La principal ventaja del robot humanoide es bastante sencilla: nuestro mundo está diseñado para personas. Escaleras, puertas, herramientas, estanterías, vehículos o puestos de trabajo han sido creados pensando en nuestras dimensiones y nuestros movimientos. Un robot con dos piernas, dos brazos y manos podría desenvolverse en esos espacios sin necesidad de modificarlos completamente.

Aquí entra en juego la inteligencia artificial. La llamada IA física o inteligencia artificial incorporada pretende que el robot no se limite a repetir movimientos programados, sino que pueda percibir su entorno, comprender instrucciones, tomar decisiones y aprender.

La teoría es extraordinariamente atractiva. Pero también conviene recordar una vieja regla de la ingeniería: “Keep it simple, stupid”. Si una tarea puede realizarse con un robot mucho más sencillo, ¿para qué utilizar uno humanoide?

Un brazo robótico no necesita piernas para colocar una pieza. Un robot móvil no necesita imitar nuestra forma de caminar para transportar una caja. El robot humanoide tiene sentido cuando necesitamos mucha versatilidad.

La complejidad tiene un precio. Un humanoide debe coordinar una enorme cantidad de elementos: motores, actuadores, sensores, articulaciones, sistemas de equilibrio, baterías, cámaras y software. Caminar ya es un problema complejo. Hacerlo mientras se manipula un objeto, se evita un obstáculo y se responde a una instrucción en tiempo real lo es todavía más.

Sin embargo, hay algo que puede cambiar radicalmente esta ecuación: la fabricación en serie. Cuantos más robots se fabriquen, menor puede ser el coste de sus componentes y más eficiente será su producción. Y esto es lo que parece que empieza a suceder.

Y China lleva cierta ventaja. Los datos más recientes muestran hasta qué punto China está tomando la delantera. Smart Analytics Global estima que durante el primer semestre de 2026 se enviaron unos 19.100 robots humanoides en todo el mundo, un 272% más que un año antes. Los fabricantes chinos representaron más del 97% de esos envíos.

Dos empresas destacan especialmente: AgiBot y Unitree. Entre ambas enviaron alrededor de 14.300 unidades durante esos seis primeros meses. AgiBot alcanzó unas 8.400 unidades y Unitree unas 5.900. En cambio, las empresas occidentales apenas fabricaron unos cientos de robots.

La ventaja china no se explica únicamente por los costes laborales. Existe una enorme cadena de suministro local de motores, baterías, sensores, electrónica, actuadores y componentes mecánicos. Esto permite fabricar más barato, pero también modificar rápidamente los diseños y escalar la producción. Y en una tecnología que todavía está evolucionando, esa flexibilidad puede ser decisiva.

Pero claro, la carrera por la robótica tiene además una dimensión geopolítica, por lo que Estados Unidos ha movido ficha. En julio de 2026, la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos anunció restricciones a nuevas importaciones de robots humanoides y cuadrúpedos fabricados en el extranjero, alegando riesgos relacionados con la seguridad nacional y la ciberseguridad. La medida afecta especialmente a los fabricantes chinos.

Aunque esta medida es un inconveniente, va a ser muy difícil frenar el desarrollo chino. China no depende únicamente de las exportaciones: tiene un enorme mercado interno, fabricantes especializados, inversión privada y un fuerte respaldo institucional. De hecho, Unitree se prepara actualmente para convertirse en la primera empresa china de robots humanoides en cotizar en bolsa, una señal bastante clara del enorme interés financiero que está despertando este sector.

Supongo que la verdadera batalla será por la rentabilidad. Probablemente el futuro no pertenecerá exclusivamente a los robots humanoides. Habrá brazos robóticos, robots móviles, sistemas especializados, robots cuadrúpedos y, por supuesto, humanoides.

Cada solución tendrá que responder a una pregunta muy sencilla: ¿aporta más valor de lo que cuesta? Ese será el verdadero examen.

La obsesión actual por los robots humanoides puede tener una parte de moda, pero también responde a una estrategia tecnológica muy razonable: crear una máquina suficientemente flexible para realizar muchas tareas diferentes sin tener que rediseñar el mundo que la rodea.

Todavía estamos en los primeros capítulos. La robótica inteligente está entrando en una etapa de producción industrial, experimentación y aparición de nuevas aplicaciones. Quizá dentro de unos años descubramos que los humanoides eran la solución para algunas tareas, pero no para todas.

Y eso es precisamente lo interesante. La revolución robótica no consistirá necesariamente en llenar las fábricas de robots con aspecto humano. Consistirá en descubrir dónde una máquina inteligente puede hacer las cosas mejor, más rápido, más barato o de forma más segura.

En el mundo de la robótica, los próximos años van a ser, sin duda, muy entretenidos.

Un saludo   y   que pases un buen día

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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