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El Pentágono acaba de firmar acuerdos con ocho grandes tecnológicas para desplegar IA en redes clasificadas. Nadie lo dice en voz alta, pero todos los países están haciendo exactamente lo mismo.
Hace apenas unas semanas, el Departamento de Defensa de Estados Unidos —que ahora se llama oficialmente Departamento de Guerra— anunció acuerdos con ocho de las mayores empresas tecnológicas del planeta: OpenAI, Google, Microsoft, Amazon Web Services, SpaceX, NVIDIA, Oracle y Reflection.
El objetivo: desplegar sus modelos de inteligencia artificial más avanzados directamente en las redes clasificadas del ejército. El comunicado oficial habla de «uso operativo legal». Una fórmula que, traducida al lenguaje cotidiano, significa básicamente: para lo que haga falta.
El Pentágono ha pedido 14.200 millones de dólares para IA y sistemas autónomos solo en el ejercicio fiscal 2026. Entre sus prioridades está el programa «Replicator»: miles de drones autónomos y barcos no tripulados listos para el campo de batalla.
En este panorama destaca un nombre por su ausencia: Anthropic, la empresa creadora de Claude. Fue la única que se negó a ceder su tecnología sin garantías claras sobre su uso. Su argumento era directo: los modelos de IA de última generación no son suficientemente fiables para pilotar armas autónomas, y los mecanismos legales para garantizar el cumplimiento del derecho internacional todavía no existen.
La respuesta de la administración Trump fue declarar a Anthropic un «riesgo para la cadena de suministro», una etiqueta que hasta entonces solo se había usado con empresas vinculadas a adversarios extranjeros. Anthropic demandó al gobierno, y un juez federal bloqueó esa medida el mes pasado. La historia se verá en los tribunales, pero dudo que sirva de mucho.
China no se queda atrás, aunque no lo proclame. Porque mientras Washington hace sus anuncios, Pekín actúa en silencio. En enero de 2026, una demostración del Ejército Popular de Liberación mostró a un único soldado controlando una formación de 200 drones autónomos. En el desfile del Día de la Victoria de septiembre de 2025, los titulares no los acapararon los tanques, sino los vehículos autónomos, los drones submarinos y los aviones de combate sin piloto.

Investigadores de universidades vinculadas al ejército chino publicaron en marzo de 2025 trabajos que describen enjambres de drones capaces de ejecutar de forma completamente autónoma toda la cadena de ataque en entornos urbanos. Sin aprobación humana. Sin evaluación de proporcionalidad. Solo algoritmos decidiendo por si mismos.
Lo que está ocurriendo no es una conspiración ni una novedad histórica. Es la lógica de siempre: cuando aparece una tecnología transformadora, los estados la incorporan a su arsenal lo antes posible. Ocurrió con el avión, con el radar, con los misiles guiados. Ahora ocurre con la IA.
La diferencia es la velocidad y la escala. Y el hecho de que, por primera vez, las máquinas podrían tomar decisiones letales sin intervención humana en fracciones de segundo.
No es una crítica a ningún gobierno en particular. Es la constatación de una realidad incómoda: los intereses nacionales están ganando la partida a los intereses humanos. Y las empresas tecnológicas, con la honrosa excepción de Anthropic, están priorizando sus contratos.
La buena noticia, si es que existe, es que la mayoría de los países del mundo quiere reglas. El problema es que los que tienen el poder tecnológico para establecerlas son precisamente los que menos interés tienen en aceptarlas.
En noviembre de 2025, 156 países votaron en la ONU a favor de negociar un tratado vinculante sobre armas autónomas letales. Pero algunas naciones votaron en contra. Entre ellas: Estados Unidos y Rusia.
Mientras eso no cambie, seguiremos asistiendo a una carrera en la que la pregunta no es si una máquina matará a una persona de forma autónoma, sino cuándo. Y esa pregunta merece una respuesta que vaya más allá de la rentabilidad trimestral o la ventaja estratégica.
Las personas valemos más que las máquinas. Ojalá los algoritmos que se están desplegando ahora mismo en redes clasificadas de todo el mundo tengan eso en cuenta. Pero no soy optimista al respecto.