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La mano humana es una de las estructuras más sofisticadas que ha desarrollado la evolución. No solo es capaz de realizar grandes esfuerzos, sino también movimientos extremadamente precisos. Puede coger una aguja, escribir con un bolígrafo, abrir una botella o acariciar con delicadeza. Todo ello gracias a la combinación de más de una veintena de grados de libertad, decenas de músculos y tendones, y una extraordinaria capacidad sensorial que detecta presión, temperatura, textura, vibraciones o deslizamientos.
Cuando pensamos en un robot humanoide, lo primero que suele venir a la mente es verlo caminar, correr o mantener el equilibrio. Sin embargo, el mayor reto tecnológico no está en sus piernas, sino en sus manos. Replicar semejante nivel de destreza mediante sistemas mecatrónicos sigue siendo uno de los grandes desafíos de la robótica moderna.
Aunque los avances en robótica durante la última década han sido espectaculares, la realidad es que las capacidades manipulativas de un niño de siete años continúan estando muy lejos del alcance incluso de los robots más avanzados del mundo.
Un niño aprende casi sin darse cuenta a sujetar un vaso sin romperlo, abotonarse una camisa, pelar una fruta o construir una figura con piezas pequeñas. Para un robot, cada una de estas tareas representa un enorme problema de ingeniería.
La dificultad no reside únicamente en mover cinco dedos de forma independiente. El verdadero reto consiste en coordinar esos movimientos mientras interpreta continuamente la información que recibe de los sensores táctiles y adapta la fuerza ejercida en tiempo real. Precisamente ahí es donde la Inteligencia Artificial está empezando a marcar diferencias.
En los últimos años se habla mucho de Inteligencia Artificial, pero en robótica cobra especial importancia un concepto: la IA aplicada o IA embebida. No se trata simplemente de conectar un robot a un modelo de lenguaje o a un servidor en la nube. Lo realmente interesante es que el propio robot sea capaz de aprender mientras manipula objetos, acumulando experiencia y mejorando sus movimientos igual que hacemos las personas.
Dicho así parece sencillo, pero lograr que una mano robótica aprenda por sí misma requiere enormes cantidades de datos, sensores muy avanzados y algoritmos capaces de interpretar situaciones que cambian constantemente.
La IA puede enseñar a un robot a corregir errores, calcular mejor la fuerza necesaria para agarrar un objeto delicado o adaptar automáticamente sus movimientos cuando algo no sale como esperaba. Ese aprendizaje continuo será probablemente uno de los mayores motores de la próxima generación de robots.
Y China está liderando esta carrera tecnológica de la robótica. Actualmente, ningún país invierte tanto como ellos. Cada año instala más de la mitad de todos los robots industriales que se incorporan en el mundo, mientras desarrolla un gigantesco ecosistema formado por fabricantes de robots completos, empresas especializadas en componentes y miles de compañías dedicadas a la automatización industrial.
Diversas estimaciones sitúan en varios cientos las empresas chinas dedicadas al desarrollo de robots, varios miles las especializadas en componentes y subconjuntos robóticos, y decenas de miles las relacionadas con automatización y soluciones industriales. Este enorme tejido industrial explica por qué China está ganando competitividad a gran velocidad y ya suministra componentes robóticos incluso a fabricantes japoneses, históricamente considerados líderes del sector.

Especializarse también puede ser una gran estrategia, como ha hecho la empresa china LinkerBot, especializada exclusivamente en el desarrollo de manos robóticas para distintos tipos de robots. Su catálogo incluye modelos con numerosos grados de libertad, sensores avanzados y diferentes configuraciones según la aplicación industrial o de investigación.
Se puede ver la web de la empresa, que de momento está solo en chino, en:
Esta estrategia resulta especialmente inteligente. En lugar de competir fabricando robots completos, concentra todos sus esfuerzos en resolver probablemente el problema más complejo de toda la robótica.
Pero no están solos, también hay una empresa suiza llamada Mimic Robotics que ha presentado una mano muy similar a la humana ( Mimic Hand M1 ) con un peso de 1,8 Kg y que puede manipular pesos de 25 kg. Y supongo que habrá otras empresas similares que yo no conozca
Se puede ver su web en: https://www.mimicrobotics.com/
Naturalmente, como ocurre con cualquier empresa tecnológica emergente, el mayor desafío durante sus primeros años será mantener una financiación suficiente hasta que el mercado madure. A veces la diferencia es el fuerte respaldo institucional y financiero que reciben muchas empresas tecnológicas chinas lo que facilita este proceso.
Con frecuencia nos preguntamos por qué China consigue lanzar productos tecnológicos cada vez más competitivos y a precios difíciles de igualar. Y eso no es por casualidad. Detrás existe una enorme inversión en automatización, investigación, cadenas de suministro altamente integradas y una industria que mejora continuamente sus procesos de fabricación.
Cuando un país automatiza más, produce mejor, reduce costes y acelera la innovación. Por eso, más que lamentarse por la competencia internacional, resulta mucho más útil comprender cómo se están haciendo las cosas y aprender de los modelos que realmente están funcionando.
La próxima revolución de la robótica probablemente no llegará cuando veamos robots caminando como personas. Llegará el día en que una mano robótica sea capaz de realizar, con la misma naturalidad que un niño, las miles de pequeñas acciones que nosotros hacemos sin apenas pensar. Ese será el momento en que la robótica dé un salto verdaderamente histórico.
Y China está intentando liderar ese cambio. Veremos quien lo consigue.