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Hace unas décadas, estrenar coche era el sinónimo absoluto de libertad. Girar la llave, arrancar el motor y perderse en la carretera significaba desconectar del mundo. Hoy, esa romántica sensación ha cambiado por completo. Sigues teniendo la libertad de ir a donde quieras, pero la privacidad dentro de tu propio vehículo brilla por su ausencia.

Los coches modernos ya no son solo máquinas mecánicas; son auténticos ordenadores con ruedas conectados permanentemente a Internet. Una mina de oro sobre cuatro ruedas.

Cada vez que subes a un vehículo actual, una infinidad de sensores internos y externos se ponen en marcha. Los fabricantes de automóviles han aprendido de los gigantes tecnológicos y de los creadores de aplicaciones móviles. ¿Su objetivo? Extraer hasta el último byte de información para rentabilizarlo.

Un coche moderno es capaz de capturar incluso más datos que tu propio teléfono móvil. Sabe perfectamente: tu ubicación exacta y las rutas que frecuentas, a qué velocidad conduces y cómo pisas el freno, tu nivel de atención al volante a través de cámaras internas, la música o los podcasts que escuchas en tu día a día, ….   y así podríamos seguir .

El nuevo modelo de negocio: Al igual que ocurre con las aplicaciones gratuitas de nuestros smartphones, el verdadero negocio ya no es solo venderte el producto (el coche), sino comerciar con los datos que generas cada segundo.

Esta es la peor pesadilla para tu privacidad. Este ecosistema de vigilancia masiva no es una exageración. En 2023, la prestigiosa fundación Mozilla realizó un exhaustivo estudio sobre la privacidad en 25 de las principales marcas de coches del mercado. Las conclusiones fueron demoledoras: los automóviles se coronaron como «la peor categoría de productos jamás analizada en cuanto a privacidad».

Desde entonces, la situación no ha hecho más que intensificarse. Las actualizaciones de software inalámbricas y la llegada de la inteligencia artificial a los salpicaderos permiten recopilar información de forma aún más eficiente y personalizada.

¿Y cómo consiguen las marcas nuestro consentimiento? Muy fácil: mediante el clásico «cansancio digital». Nos presentan contratos infinitos repletos de letra pequeña que aceptamos a ciegas para poder vincular el teléfono o activar el navegador.

El mercado de intermediarios de datos (data brokers) está viviendo una época dorada. El historial de cómo conduces interesa, y mucho, a sectores muy potentes. Las compañías aseguradoras, por ejemplo, ansían esta información para ajustar (o encarecer) las pólizas en función de tus hábitos al volante.

Si frenas de golpe o superas el límite de velocidad en una vía secundaria, tu coche lo registrará y esa información podría acabar en manos de terceros. En muchos países, los beneficios que las automotrices proyectan obtener vendiendo estos datos superarán pronto a los márgenes de la propia venta del vehículo.

El panorama actual es complejo y, hasta que no exista una legislación global estricta, la tendencia irá a peor. Necesitamos normativas claras que determinen que nosotros somos los únicos dueños de nuestros datos. La aprobación para compartir información debe ser explícita, sencilla y transparente, no un laberinto legal de cien páginas.

Mientras las leyes alcanzan a la tecnología, la próxima vez que subas a tu coche y se encienda la pantalla táctil, recuerda que no viajas solo. Ojalá el futuro nos devuelva la auténtica libertad de la carretera, pero hoy por hoy, tu coche sabe demasiado de ti.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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