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Durante años nos dijeron que el coche eléctrico era el futuro. Sin embargo, en los últimos meses el mercado estadounidense ha dado un giro inesperado. La retirada de ayudas públicas, el cambio de prioridades políticas y la caída de las ventas han provocado que numerosos modelos eléctricos desaparezcan del mercado o vean cancelada su comercialización.

La pregunta es evidente: ¿qué ocurre con quienes ya compraron uno de esos vehículos? El problema va mucho más allá de encontrar un taller o un recambio. Un coche eléctrico moderno es, en realidad, una gran batería y un potente ordenador sobre ruedas. Ese ordenador controla prácticamente todo: el motor, la carga de la batería, los sistemas de seguridad, la climatización e incluso muchas funciones de conducción. Y, como sucede con cualquier sistema informático, necesita actualizaciones periódicas para corregir errores, mejorar el rendimiento y garantizar la seguridad.

En Estados Unidos, durante los últimos tiempos, varios fabricantes han anunciado la retirada, cancelación o paralización de distintos modelos eléctricos. Entre ellos figuran el Tesla Model S y Model X, Hyundai Ioniq 6, Nissan Ariya, Honda Prologue, Acura ZDX, Volvo EX30, Volkswagen ID.4, los Polestar 3 y 4 o incluso el esperado Sony Afeela, que finalmente nunca llegó a comercializarse en ese país. Estas decisiones responden a un mercado menos dinámico, al fin de los incentivos fiscales y, en algunos casos, a nuevos aranceles y restricciones regulatorias.

¿Qué sucede si el fabricante deja de vender ese modelo o incluso abandona el mercado? Los fabricantes insisten en que seguirán ofreciendo mantenimiento, piezas y cobertura de garantía a los propietarios actuales. De hecho, marcas como Honda o Polestar han reiterado públicamente ese compromiso.

Pero aquí aparece una cuestión que rara vez se plantea antes de comprar un vehículo: suponiendo que lo que dicen sea cierto ¿durante cuánto tiempo?

La legislación obliga a mantener determinados servicios y recambios durante unos años, pero resulta mucho más difuso el compromiso respecto al software. En un automóvil cada vez más digital, dejar de recibir actualizaciones puede significar perder funciones, dejar de ser compatible con nuevas infraestructuras de recarga o, en el peor de los casos, enfrentarse a averías que nadie pueda solucionar de forma definitiva.

El riesgo aumenta si el fabricante desaparece o entra en quiebra. Ya ocurrió en el Reino Unido con propietarios de vehículos de la empresa estadounidense Fisker, que quedaron durante meses con enormes dificultades para acceder a soporte técnico, piezas y actualizaciones tras la bancarrota de la compañía. Ese episodio puso de manifiesto que la dependencia del software puede convertirse en un problema tanto o más importante que una avería mecánica.

Esta situación abre un debate que probablemente tendremos también en Europa. Cuando un ciudadano invierte 40.000, 50.000 o incluso 70.000 euros en un coche, debería tener la seguridad de que el fabricante garantizará su funcionamiento durante toda la vida útil razonable del vehículo.

Quizá haya llegado el momento de que las administraciones intervengan. Una posible solución sería crear un organismo independiente donde los fabricantes estuvieran obligados a depositar la última versión estable del software de todos los vehículos comercializados. Si una marca abandonara el mercado o cesara su actividad, ese software seguiría disponible para mantener operativos los automóviles existentes.

No parece una medida especialmente compleja ni costosa. Al contrario, aportaría confianza a los consumidores y protegería una inversión que, para muchas familias, representa un importante esfuerzo económico.

La movilidad eléctrica seguirá creciendo en los próximos años. Pero si queremos que los ciudadanos confíen plenamente en ella, no basta con fabricar buenos coches. También es imprescindible garantizar que seguirán funcionando correctamente dentro de diez, quince o veinte años.

Porque un vehículo no debería convertirse en un enorme «ladrillo con cuatro ruedas» simplemente porque el fabricante decidió dejar de venderlo. La innovación tecnológica necesita ir acompañada de seguridad jurídica y de un compromiso real con quienes apostaron por ella desde el primer momento.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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