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Durante años Europa ha intentado crear una industria propia de baterías para no depender de China. El problema es que competir directamente con las empresas chinas dominadoras del mercado es una batalla muy complicada.

Los datos más recientes de la Agencia Internacional de la Energía son contundentes: China concentra más del 80% de la capacidad mundial de fabricación de celdas de baterías. Además, las empresas chinas ya representan casi el 75% de las baterías instaladas en vehículos eléctricos a escala mundial.

El sonado fracaso de Northvolt ( en Suecia ), que terminó en bancarrota en el año 2025, es un buen ejemplo de la dificultad de competir fabricando baterías completas a gran escala. La empresa había conseguido miles de millones de dólares de financiación, pero los problemas de producción, liquidez y escalado de la producción terminaron haciendo inviable el proyecto.

¿Significa esto que Europa debe de abandonar este mercado?  No necesariamente. Quizás la estrategia inteligente no sea fabricar toda la batería, sino convertirse en líder mundial de alguno de sus componentes. Y aquí aparece una empresa que merece mucha atención: LeydenJar, una compañía neerlandesa nacida en el entorno tecnológico de Eindhoven.

El cuello de botella de una batería está en el ánodo. En una batería de ión-litio el ánodo desempeña un papel fundamental. Tradicionalmente se utiliza grafito, pero este material está llegando a sus límites cuando se busca aumentar la capacidad, reducir el tamaño y acelerar la recarga.

El silicio presenta una capacidad teórica de almacenamiento de litio muy superior a la del grafito. Y el problema es bien conocido: durante la carga y descarga, el silicio se expande considerablemente y termina deteriorándose.

LedenJar ha desarrollado una solución diferente: un ánodo de silicio puro con una estructura porosa y flexible que permite absorber esa expansión. Su tecnología Silyte puede proporcionar hasta un 50% más de densidad energética, según la compañía, y alcanzar cargas del 80% en apenas unos minutos.

Lo verdaderamente interesante, sin embargo, no es el material, sino una tecnología que recuerda a los semiconductores. LeydenJar utiliza un proceso denominado PECVD, deposición química de vapor mejorada mediante plasma. Mediante esta técnica deposita nano-estructuras de silicio directamente sobre una lámina de cobre.

Es una tecnología relacionada con procesos utilizados en la fabricación de células solares y semiconductores. Dicho de forma sencilla: en lugar de fabricar un ánodo convencional y después recubrirlo, esta empresa “hace crecer” el silicio sobre el soporte.

Y ahí puede estar su gran oportunidad. La empresa no pretende convertirse en otro fabricante gigante de baterías. Su ambición es suministrar una tecnología concreta a los fabricantes de baterías de todo el mundo, de una forma que recuerda al papel que ASML desempeña en la industria de los chips.

La empresa está preparando una planta en Eindhoven con producción prevista para el año 2027. ¿Funcionará?   Nadie puede asegurarlo todavía. Pasar del laboratorio a una producción industrial competitiva siempre es el momento de la verdad.

Pero quizá sea ésta la vía que Europa necesita: no ganar la batalla fabricando más barato, sino desarrollar tecnología que los demás necesiten comprar. China seguirá teniendo una posición dominante, y la competencia será enorme. Pero en Tecnología, una pequeña empresa con una innovación difícil de copiar puede cambiar las reglas del juego.

Desde aquí les deseo mucha suerte a los amigos de LedenJar  Europa necesita más empresas capaces de pensar así. Se puede ver la web de la empresa en: https://leyden-jar.com/

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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