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La conducción autónoma lleva años prometiendo cambiar nuestra relación con el automóvil. Todavía estamos lejos de que todos los coches puedan desplazarse sin intervención humana, pero la tecnología avanza rápidamente y la inteligencia artificial está acelerando este proceso.

El coche del futuro no solo podrá conducir por nosotros. También podría llegar a entender cómo queremos que conduzca. ¿Preferimos una conducción tranquila y suave? ¿Nos gusta mantener una distancia de seguridad amplia? ¿Queremos una conducción algo más dinámica? La IA empieza a permitir que estas preferencias puedan convertirse en parámetros que el vehículo interprete y adapte. Y esto puede ser mucho más importante de lo que parece.

Los automóviles modernos ya son auténticos ordenadores sobre ruedas. Controlan el motor, los frenos, la dirección, la iluminación, los sistemas de seguridad y una enorme cantidad de sensores. A todo ello se añaden cámaras, radares, GPS y, en algunos sistemas, sensores LiDAR capaces de construir una representación tridimensional del entorno.

La inteligencia artificial se encarga de interpretar toda esa información. Un vehículo autónomo necesita saber dónde está, qué vehículos circulan a su alrededor, si un peatón va a cruzar, qué señales existen y qué puede suceder unos segundos después. Es una tarea extraordinariamente compleja.

Por eso, los sistemas de conducción autónoma más avanzados siguen siendo caros y se encuentran principalmente en vehículos de gama alta o en servicios especializados, como los robotaxis.

Pero la conducción autónoma ya está llegando. No hablamos únicamente de experimentos de laboratorio. En Estados Unidos, algunos servicios de robotaxis ya acumulan cientos de millones de kilómetros completamente autónomos con positivos resultados de seguridad

Los resultados iniciales son interesantes. Algunos estudios recientes han encontrado tasas de accidentes inferiores a las de los conductores humanos en determinados entornos. Eso no significa que la tecnología sea infalible, pero sí demuestra que la conducción autónoma puede convertirse en una herramienta importante para mejorar la seguridad.

¿Y si pudiéramos decirle al coche cómo conducir? Esta parece ser una de las posibilidades más interesantes. Diferentes investigadores están trabajando en sistemas de IA capaces de adaptar el comportamiento del vehículo a las preferencias del usuario. Incluso existen investigaciones recientes sobre modelos que permiten controlar diferentes estilos de conducción mediante parámetros definidos por el conductor.

Podríamos imaginar una conversación muy sencilla:

“Quiero una conducción suave” , “Prefiero que mantengas una distancia de seguridad mayor” , “Toma las curvas con más suavidad”   etc ….

La inteligencia artificial podría traducir esas instrucciones en decisiones concretas sobre aceleración, frenada, distancia o comportamiento ante determinadas situaciones. Y eso casi no tiene límites.

El usuario nunca podrá ordenar al vehículo que incumpla las normas de tráfico o adopte una conducta peligrosa. La IA tendría que establecer una frontera muy clara entre personalización y seguridad.

El Nivel 3 puede ser el gran paso intermedio. La conducción totalmente autónoma, aquella en la que el vehículo puede desenvolverse prácticamente sin intervención humana, presenta enormes dificultades técnicas, y sobre todo legales y económicas.

Por eso, el Nivel 3 creo que puede convertirse en una etapa especialmente importante para los conductores. En este nivel, el sistema puede asumir la conducción en determinadas circunstancias y durante determinados periodos. Pero cuando el sistema ya no puede continuar, debe solicitar al conductor que recupere el control, y éste siempre es responsable de lo que suceda.

Ya existen sistemas homologados de Nivel 3. Mercedes-Benz, por ejemplo, consiguió autorización en Alemania para que su sistema DRIVE PILOT pudiera funcionar hasta 95 km por hora bajo determinadas condiciones.

Esto demuestra que la tecnología ya ha salido de los laboratorios. Pero también demuestra algo importante: la conducción autónoma no llegará de golpe. Y será una evolución progresiva.

El problema más importante es: ¿Quién será responsable cuando algo falle? Si un conductor controla el vehículo y utiliza un sistema de asistencia a la conducción, la responsabilidad sigue teniendo un componente humano muy importante.

Probablemente el futuro más cercano no sea un vehículo que podamos abandonar completamente mientras nos lleva de un lugar a otro. Será algo más gradual. Un automóvil capaz de conducir durante determinados momentos, ayudarnos a evitar accidentes, interpretar nuestro entorno y adaptarse a nuestras preferencias. Siendo la IA nuestro copiloto permanente.

Y quizá llegue un momento en el que, en lugar de preguntarnos si el coche puede conducir solo, la pregunta sea mucho más sencilla: “¿Cómo quiero que conduzca mi coche hoy?” Y la tecnología parece avanzar en esa dirección.

Primero llegaron los asistentes de conducción. Después llegaron los sistemas capaces de asumir determinadas tareas. Ahora estamos enseñando a la inteligencia artificial a comprender nuestro comportamiento.

Y, como ocurre tantas veces con la tecnología, lo que hoy parece exclusivo de los automóviles más sofisticados podría terminar formando parte del equipamiento habitual de los coches de gama media y, con el tiempo, prácticamente de todos los vehículos.

La conducción autónoma todavía tiene mucho camino por recorrer. Pero el camino ya ha comenzado.

Y por otro lado está el gran nicho de los taxis autónomos, en los que la empresa que ofrece el servicio se responsabiliza de las consecuencias de un accidente si las hubiese.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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