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Hay cifras que sirven para medir algo más que el tamaño de una empresa. Los 1.000 millones de usuarios mensuales que acaba de alcanzar Google Gemini son una de ellas.

El crecimiento ha sido espectacular. En apenas un año, Gemini ha pasado de unos 400 millones de usuarios mensuales a más de 1.000 millones. Y detrás de esta expansión hay una ventaja que sus competidores no tienen en la misma medida: Google controla Android, Search, Chrome, Gmail, YouTube y una enorme parte del ecosistema digital.

Además, Gemini está disponible tanto en Android como en iOS. Más de 1.000 millones de sus usuarios mensuales utilizan dispositivos de Apple, una cifra que demuestra que la inteligencia artificial de Google no depende exclusivamente de su propio sistema operativo.

Pero hay un dato especialmente interesante: el 63% de los usuarios de Gemini utiliza la voz para comunicarse con la inteligencia artificial. Esto nos dice algo importante sobre el futuro de la IA. Quizá no vamos hacia un mundo en el que estaremos continuamente escribiendo instrucciones en un teclado. Es mucho más probable que acabemos hablando con nuestros dispositivos de una manera cada vez más natural.

Y hay otro dato sorprendente: Gemini genera más de 150 millones de imágenes cada día. Aquí aparece una de las grandes paradojas de la inteligencia artificial. Tenemos una tecnología capaz de ayudarnos a investigar enfermedades, programar, analizar información o mejorar procesos industriales, pero una parte considerable de su capacidad informática se utiliza para crear imágenes divertidas, memes y contenidos que desaparecerán de Internet en cuestión de horas.

No es necesariamente algo malo. El entretenimiento también forma parte de nuestra vida. Pero conviene recordar que cada imagen generada requiere energía, centros de datos y capacidad de procesamiento. La pregunta importante, por tanto, no es solamente cuántas personas utilizan la IA. También deberíamos preguntarnos para qué la utilizamos.

Y aquí llegamos a otro asunto mucho más delicado: la rentabilidad. Google está ganando muchísimo dinero y su negocio sigue creciendo con fuerza. En el segundo trimestre de 2026, Alphabet aumentó sus ingresos un 24%, mientras Google Cloud creció un espectacular 82%. Al mismo tiempo, la compañía mantiene inversiones gigantescas en centros de datos, chips e infraestructura de inteligencia artificial.

Pero una cosa es ganar dinero con ayuda de la IA y otra muy diferente es que Gemini sea rentable por sí mismo. Google no ofrece públicamente una cuenta de resultados específica de Gemini. Y algo parecido ocurre con sus grandes competidores. Todos están realizando inversiones enormes para conquistar una posición dominante en un mercado que todavía está construyéndose.

Además, la competencia internacional se intensifica. Las empresas chinas están desarrollando modelos cada vez más capaces con estrategias de costes muy agresivas y con menores inversiones, lo que puede obligar a las compañías estadounidenses a replantearse cuánto dinero necesitan gastar para mantenerse en cabeza.

Mientras tanto, los gobiernos siguen intentando decidir cómo regular una tecnología que evoluciona mucho más deprisa que las leyes.

Y quizá esta sea la cuestión fundamental. La inteligencia artificial es una herramienta extraordinaria. Puede aumentar nuestra productividad, ayudarnos a aprender y resolver problemas que hasta hace poco parecían imposibles.

Pero también puede utilizarse mal, consumir enormes cantidades de recursos, generar desinformación o concentrar demasiado poder tecnológico en unas pocas empresas. Por eso necesitamos innovación, pero también responsabilidad, transparencia y regulación.

La pregunta ya no es si la inteligencia artificial va a cambiar nuestras vidas. Eso está sucediendo. La verdadera pregunta es otra: ¿quién decidirá hacia dónde nos lleva la IA y qué límites estamos dispuestos a ponerle?

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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