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Cada año el fuego arrasa miles de hectáreas y se cobra vidas humanas y materiales en todo el planeta. Vemos en las noticias los grandes incendios, pero hay muchísimos más pequeños que nunca llegan a los titulares. Apagarlos cuanto antes es clave para que no se conviertan en catástrofes. Y ahí es donde entra una idea tan sencilla como prometedora: combatir el fuego con frío extremo.
La historia de esta idea empieza en 2008, en un laboratorio de la Northeastern University (EE. UU.). El profesor Yiannis Levendis experimentaba quemando restos triturados de neumáticos como posible combustible alternativo al carbón. Por impulso, cogió una cucharada de nitrógeno líquido y la lanzó sobre las llamas. El resultado fue sorprendente: la extinción fue casi instantánea
Casi veinte años después, aquella idea se ha convertido en un prototipo real: un robot capaz de apagar incendios forestales con nitrógeno líquido sin dejar rastro químico en el medio ambiente
Cómo funciona: El nitrógeno líquido actúa por dos vías a la vez. Al rociarlo sobre el fuego, a -196°C, se evapora y se expande casi 1.000 veces su volumen, desplazando el oxígeno del entorno y «asfixiando» las llamas. Y al mismo tiempo, su temperatura extrema enfría de golpe el material en combustión, eliminando el calor que el fuego necesita para seguir propagándose.
Y tiene una ventaja añadida: a diferencia de muchos retardantes actuales, que contienen fósforo y pueden contaminar suelos y cursos de agua, el nitrógeno líquido no deja residuo químico alguno, ya que simplemente se reincorpora a la atmósfera como gas

Poniendo a los robots en primera línea, se mantienen a las personas a salvo. Para aplicar el nitrógeno, el equipo ha diseñado un robot sobre orugas, equipado con tanques y mangueras resistentes al frío extremo, capaz de acercarse a focos de fuego en zonas de difícil o peligroso acceso para los bomberos. La lógica es tan simple como contundente: es preferible perder una máquina que arriesgar una vida.
De momento, el prototipo se está evaluando en incendios controlados con vegetación típica de los bosques y su objetivo inicial no es apagar grandes incendios ya desatados, sino actuar rápido sobre focos pequeños antes de que se conviertan en algo incontrolable.
El proyecto, financiado por la Gordon and Betty Moore Foundation, todavía está en fase de pruebas. Pero si los resultados siguen siendo positivos, esta tecnología podría escalarse rápidamente y convertirse en un aliado más en la lucha global contra los incendios forestales, protegiendo a la vez bosques, personas y al propio planeta.
Ojalá pronto sea una realidad y lo veamos lo antes posible.