La búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles se ha convertido en uno de los grandes temas de nuestro tiempo. La necesidad de reducir emisiones, garantizar el suministro energético y mantener la competitividad industrial ha puesto a trabajar a miles de investigadores y empresas. En este contexto, el amoniaco vuelve a aparecer periódicamente como posible solución, y no es por casualidad.
El amoniaco se fabrica a gran escala desde hace más de un siglo. Es un producto bien conocido por la industria, se puede transportar y almacenar a temperatura ambiente, tiene una alta densidad energética y, cuando se utiliza correctamente, no emite CO₂ en su proceso final de uso. Todo esto lo convierte en un candidato atractivo como vector energético.
Sin embargo, no todo son ventajas. La combustión directa del amoniaco genera óxidos de nitrógeno (NOx), contaminantes perjudiciales para la salud y el medio ambiente. Por eso, los enfoques más prometedores no pasan por quemarlo directamente, sino por utilizarlo como portador de hidrógeno.
El amoniaco está compuesto por nitrógeno e hidrógeno. Si se separan ambos elementos, el hidrógeno resultante puede utilizarse como combustible limpio. Este hidrógeno puede quemarse en motores diseñados para ello o emplearse en pilas de combustible, generando electricidad sin emisiones contaminantes.
Aquí es donde entra en juego una empresa emergente que está generando bastante interés: Amogy. Es una startup fundada en 2020 por investigadores vinculados al MIT. Su propuesta es clara: afirman haber desarrollado un sistema catalítico capaz de dividir el amoniaco en hidrógeno y nitrógeno con una eficiencia un 70% superior a las tecnologías actuales.

Este dato es clave. La eficiencia es lo que separa una buena idea de una solución viable a escala industrial. Si realmente consiguen ese salto tecnológico, el amoniaco podría convertirse en un combustible competitivo frente a los fósiles.
La empresa ya ha recibido más de 300 millones de dólares en financiación, una cifra nada despreciable para una compañía tan joven. Además, cuenta con un contrato con Samsung Heavy Industries, lo que indica un claro interés del sector naval, uno de los más difíciles de descarbonizar.
Amogy no solo ofrece su sistema de catálisis, sino también soluciones completas que integran pilas de combustible, facilitando su adopción por parte de la industria.
Este es un mercado con enorme necesidad. Las posibles aplicaciones son muchas: generación eléctrica, navegación de grandes buques, industria pesada, transporte de larga distancia… Sectores donde la electrificación directa es compleja y donde se necesitan combustibles densos, estables y no contaminantes.
Si la tecnología de Amogy resulta realmente económica y escalable, tiene potencial para crecer muy rápido. El mercado está ahí, esperando soluciones que funcionen.
No soy experto en química ni en catálisis, pero la propuesta tiene sentido técnico y estratégico. Están en el centro de un ecosistema que busca desesperadamente alternativas sostenibles. Si cumplen lo que prometen, harán un gran servicio a la sociedad… y construirán una empresa con un futuro muy interesante.
Les deseo lo mejor.