El mundo de las baterías no deja de moverse. Nuevas químicas, nuevos materiales, distintos formatos, mayores exigencias de seguridad y sistemas de control cada vez más complejos. Todo cambia muy deprisa, y no solo en los laboratorios: también en la industria y en los productos finales que usamos cada día.
El resultado es evidente. A pesar de que las baterías son el corazón de la transición energética, muy pocas empresas occidentales han logrado consolidarse en este sector, hoy claramente dominado por China. Solo el año pasado, más de diez compañías dedicadas a baterías entraron en quiebra. El caso más llamativo fue Northvolt, tras miles de millones invertidos y enormes expectativas creadas.
Del laboratorio al mercado: ese es el gran cuello de botella. La mayoría de las empresas ponen el foco en encontrar la química perfecta: menos contaminante, con materiales abundantes, mayor densidad energética y menor coste. Todo eso es importante, sin duda. Pero el verdadero problema aparece después.
Entre una buena idea en el laboratorio y una producción industrial escalable pueden pasar cinco, siete o incluso diez años. Ese periodo es letal para muchas startups. Se agota la financiación, el mercado cambia, aparecen nuevas tecnologías… y la empresa no llega a tiempo.
Además, las baterías evolucionan a un ritmo distinto al de los productos que las usan. Un fabricante de drones, herramientas eléctricas o vehículos puede diseñar un producto para una batería concreta, y descubrir pocos años después que esa batería ya no existe o ha sido sustituida por otra incompatible.
A todo esto se suman las tensiones geopolíticas. Litio, cobalto, manganeso o níquel no siempre están disponibles donde se necesitan. China ha asegurado su suministro y ha integrado verticalmente toda la cadena: desde la batería hasta el coche eléctrico, el dron o el sistema de almacenamiento.
Para los fabricantes occidentales, depender de proveedores externos, con precios cambiantes y tecnologías en evolución, es un riesgo permanente.
En este contexto resulta especialmente interesante la propuesta de una empresa llamada Proper Voltage. Su enfoque rompe con la lógica tradicional del sector. En lugar de centrarse en una batería concreta, ofrecen un enfoque diferente: un Battery Operating System (bOS), un sistema capaz de gestionar baterías de diferentes químicas y voltajes.
Este sistema se encarga de aspectos críticos como la seguridad, el comportamiento térmico y la gestión energética, independientemente del tipo de batería conectada. En esencia, desacopla el producto de la batería.
Y esto puede ser un gran cambio. Para un fabricante, esto puede ser un antes y un después. En lugar de rediseñar un producto cada vez que aparece una nueva batería, podría adaptarse en meses, no en años. Bastaría con ajustar el sistema de gestión, sin tocar el diseño principal del dispositivo.
Esto aporta flexibilidad, reduce riesgos industriales y permite evolucionar al ritmo del mercado. También beneficia a los fabricantes de baterías, que pueden ofrecer nuevas soluciones sin exigir cambios profundos en los productos finales.
Para el usuario, el resultado es claro: productos más actualizados, más rápidos de llegar al mercado y potencialmente más baratos.
Dicho así, parece el ideal para cualquier fabricante que utilice baterías en sus productos que son millares por todo el mundo.

En la foto anterior se ve una foto con los chips y la electrónica de control que gestiona las baterías.
En lugar de depender de las baterías que encuentra en el mercado y adaptarse a ellas, con este sistema un fabricante podría gestionar el uso de diferentes baterías que mejor se adapten a sus productos, y evolucionar con las nuevas baterías que vayan apareciendo en el mercado sin tener que rediseñar sus productos. Y esa evolución le llevaría unos pocos meses en lugar de años.
¿Demasiado bueno para ser cierto? La idea suena casi ideal, y como siempre en estos casos conviene ser prudentes. La clave estará en comprobar si el sistema funciona de forma fiable, segura y a gran escala. De momento, la propuesta es coherente y ataca uno de los grandes problemas reales del sector.
Se puede ver una WEB de la empresa en: https://propervoltage.com/
Aun con ideas innovadoras como esta, desbancar el dominio chino en baterías no será fácil. Sus empresas están profundamente integradas y juegan con ventaja. Pero soluciones basadas en software, estandarización e inteligencia pueden ser una de las pocas vías realistas para recuperar terreno.
Menos obsesión por la química perfecta y más foco en cómo gestionar el cambio. Quizás por ahí empiece el verdadero avance en el uso de baterías.