Hace no tantos años, Meta protagonizó uno de los movimientos más llamativos de la historia reciente de la tecnología. Facebook cambió de nombre, reestructuró su rumbo y se lanzó de lleno a una idea que, sobre el papel, parecía revolucionaria: el metaverso, un mundo virtual donde millones de personas interactuarían como si fuese una prolongación de la vida real.

El proyecto llegó acompañado de decenas de miles de millones de dólares en inversión y de un discurso grandilocuente que prometía cambiarlo todo. Avatares hiperrealistas, reuniones virtuales, ocio digital inmersivo …

Pero la realidad fue mucho más fría. El interés del público nunca llegó al nivel esperado, las soluciones disponibles resultaban poco prácticas y la tecnología necesaria no estaba madura. En muy poco tiempo quedó claro que esa apuesta era —al menos por ahora— un camino equivocado.

Lo llamativo es que Mark Zuckerberg nunca ha reconocido abiertamente ese error estratégico. La narrativa oficial evita hablar de fracaso, aunque la compañía lleva años recortando la inversión en su división de realidad virtual. Si el responsable hubiese sido cualquier otro directivo, probablemente su futuro en la empresa habría sido muy distinto. Pero cuando quien toma la decisión es el fundador, la historia se reescribe desde otra perspectiva.

Y ahora Meta vuelve a dar un giro, esta vez mucho más alineado con el mundo real: volcarse en la inteligencia artificial. Es el tema central de sus anuncios más recientes, el núcleo de sus nuevos productos y el camino que sí está marcando la industria global. Las gafas inteligentes, los modelos avanzados de IA y los servicios integrados en redes sociales son su nueva bandera.

Zuckerberg insiste en que las gafas inteligentes serán el sustituto natural del móvil, algo que suena más a deseo que a previsión técnica. Es cierto que este nicho está creciendo rápido y que Meta ha logrado una visibilidad enorme con sus modelos. Pero el panorama está lejos de ser exclusivo: marcas chinas están llegando al mercado occidental con gafas igual de capaces y mucho más económicas, aprovechando la fabricación local, la agilidad industrial y la experiencia que ya demostraron con los smartphones.

Además, hoy por hoy las gafas dependen del móvil para funcionar. No pueden ejecutar aplicaciones complejas por sí solas, no tienen la autonomía suficiente y su ecosistema es todavía muy limitado. Son un buen gadget, útil en ciertas situaciones, pero no representan una amenaza real para el móvil, que aún tiene muchos años de recorrido.

Meta ha demostrado que es capaz de pivotar rápido cuando la realidad le da un golpe. Su nuevo enfoque hacia la IA está más alineado con el futuro de la tecnología, pero también es un recordatorio de lo que ocurre cuando una gran empresa se deja llevar por una visión desconectada del mercado.

El tiempo dirá si este nuevo giro será el acierto que el anterior no fue. Lo que sí está claro es que, en un sector donde todo cambia a velocidad de vértigo, incluso los gigantes pueden equivocarse… y corregir el rumbo sin reconocerlo.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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