Durante los últimos años Europa ha avanzado con fuerza en la generación de energías renovables, especialmente solar y eólica. Sobre el papel, la noticia es excelente. En la práctica, el resultado es mucho más discutible. De poco sirve generar electricidad limpia si luego no somos capaces de gestionarla, transportarla o almacenarla.

Y este es, hoy por hoy, uno de los grandes problemas del sistema energético europeo. En España, además, el problema se acentúa.

Hay mucha generación, y poca gestión. Se han instalado miles de megavatios en plantas solares y parques eólicos, muchas veces con gran rapidez y con fuertes incentivos. Sin embargo, no se ha invertido al mismo ritmo en la red eléctrica, ni en sistemas de almacenamiento que absorban los picos de producción cuando la demanda es baja.

El resultado es poco satisfactorio: hay momentos en los que se produce más energía de la que la red puede aceptar, y esa electricidad simplemente se pierde. Energía limpia, subvencionada y ya pagada… que se tira.

Por lo que he leído, en lugares como California, las reglas son claras. Muchas nuevas instalaciones renovables están obligadas a incorporar baterías de almacenamiento. Cuando hay exceso de generación, la energía se guarda. Cuando cae el sol o baja el viento, esa energía vuelve a la red.

Es un enfoque lógico, técnico y económico. No elimina los problemas, pero los reduce de forma drástica. En Europa, y especialmente en España, hemos puesto el carro delante de los bueyes: primero generamos, luego ya veremos cómo lo gestionamos.

Tenemos redes antiguas para un sistema energético nuevo. La red eléctrica europea ( como las demás ) fue diseñada para un modelo centralizado: grandes centrales, generación estable y flujos previsibles. Las renovables funcionan justo al revés: son descentralizadas, variables y con picos muy pronunciados. Y este es un cambio que hay que absorber y gestionar.

Sin una red más robusta, digitalizada y flexible, es imposible integrar correctamente este nuevo modelo. Y modernizar redes eléctricas no es rápido ni barato, pero es imprescindible.

Datos a conocer. En diciembre pasado, Europa ( y especialmente España ) alcanzó picos históricos de generación renovable. En Alemania, solo el 25 de diciembre se produjeron 87 GWh de energía solar y eólica, una cifra equivalente a la producción diaria de decenas de centrales nucleares. El problema no fue generar esa energía. El problema fue qué hacer con ella.

Generar sin almacenar es tirar el dinero. Aquí está el núcleo del asunto: la relación entre capacidad de generación y capacidad de absorción. Si no se equilibra, estamos malgastando inversiones multimillonarias.

Como consumidor, a mí no me sirve de mucho que mi compañía eléctrica diga que más del 60% de su energía es renovable si, al mismo tiempo, otra parte de ese tipo de energía se pierde y yo pago una factura más alta de lo que debería. Ese sobrecoste lo asumimos todos.

La buena noticia es que la solución existe: más almacenamiento, redes mejoradas, interconexiones entre países y una planificación mucho más realista. No es inmediato, pero es perfectamente alcanzable si se convierte en una prioridad estratégica.

La mala noticia es que el tiempo corre, y cada año de retraso encarece el sistema y reduce nuestra competitividad.

En energía, como en casi todo, no basta con buenas intenciones. Hace falta infraestructura, planificación y visión a largo plazo.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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