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En la actualidad damos por sentado que podemos conectarnos a Internet casi en cualquier lugar. Sin embargo, la realidad es que millones de personas todavía viven en zonas donde la conexión es lenta, cara o simplemente inexistente.

Para resolver ese problema han surgido distintas soluciones tecnológicas: satélites, redes terrestres más densas o incluso sistemas instalados en el aire. Entre estas últimas aparece una idea que vuelve a ganar interés: el Internet estratosférico.

Se trata de colocar plataformas tecnológicas a gran altura —en la estratosfera— que funcionen como estaciones de telecomunicaciones flotantes. Desde allí pueden ofrecer cobertura a grandes áreas del territorio con un coste potencialmente menor que el de los satélites.

Uno de los intentos más conocidos fue el Proyecto Loon, desarrollado por Google. Su propuesta consistía en desplegar globos aerostáticos en la estratosfera capaces de transmitir señal de Internet a zonas con poca cobertura.

Durante varios años el sistema fue probado en diferentes países y llegó incluso a proporcionar conectividad en situaciones de emergencia. Sin embargo, el proyecto tenía un problema difícil de resolver: los vientos estratosféricos.

Los globos se desplazaban continuamente con las corrientes de aire. Cuando se movían, también lo hacía su zona de cobertura, lo que obligaba a lanzar cada vez más globos para mantener el servicio estable. Al final, el sistema resultó demasiado caro y Google decidió cancelarlo en 2021.

La idea, sin embargo, no desapareció. Hoy se está desarrollando una nueva generación de sistemas conocidos como HAPS (High Altitude Platform Station).

A diferencia de los globos, estas plataformas son vehículos no tripulados capaces de mantenerse prácticamente inmóviles en el aire durante largos periodos de tiempo. Funcionan como una especie de mezcla entre satélite, aerostato y torre de telecomunicaciones.

Una de las empresas que más está avanzando en este campo es Aalto HAPS, que ha desarrollado el vehículo Zephyr, una aeronave ultraligera con propulsión solar.

El Zephyr funciona gracias a paneles solares que alimentan sus motores eléctricos y sus sistemas electrónicos. Durante el día genera energía suficiente para mantenerse en vuelo y recargar baterías, que utiliza por la noche.

Su característica más impresionante es su capacidad de permanencia en el aire en un sitio fijo. En una prueba realizada el año pasado, este vehículo permaneció volando 67 días consecutivos, algo impensable hace apenas una década.

Además, mediante pequeños motores eléctricos puede contrarrestar los vientos y mantener una posición relativamente estable sobre una región determinada. Y desde esa altura —unos 20 kilómetros— puede proporcionar cobertura de telecomunicaciones a una superficie enorme.

La idea es que estas plataformas funcionen como torres de telecomunicaciones flotantes, capaces de ofrecer conectividad 4G o 5G a los teléfonos móviles de los usuarios en tierra.

Para el usuario final, la conexión sería prácticamente igual que conectarse a una torre convencional.

Uno de los lugares donde se realizarán pruebas próximamente es Japón, un país formado por más de 6.800 islas. Muchas de ellas son pequeñas y poco pobladas, lo que hace muy costoso desplegar infraestructura tradicional de telecomunicaciones.

Por eso Japón se perfila como un banco de pruebas ideal para este tipo de tecnología.

La gran ventaja potencial de los sistemas HAPS es el coste. Construir y lanzar satélites —como los de Starlink— sigue siendo extremadamente caro, aunque los costes estén bajando.

Las plataformas estratosféricas, en cambio, podrían ofrecer conectividad hasta diez veces más barata, según estimaciones de algunas empresas del sector. Además, al operar dentro de la atmósfera, son más fáciles de mantener, actualizar o recuperar que un satélite colocado en órbita.

A pesar de sus avances, el Internet estratosférico todavía se encuentra en una fase temprana de implementación, y varias empresas lo están intentando. La tecnología parece madura, pero aún falta demostrar su viabilidad comercial a gran escala.

Si funciona como esperan sus impulsores, podría convertirse en una herramienta clave para conectar a los millones de personas que todavía no tienen acceso a Internet.

La historia de la tecnología está llena de ideas que tardaron años en encontrar su momento. Quizá el Internet estratosférico sea una de ellas.

Como siempre ocurre en innovación, el tiempo será quien tenga la última palabra.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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