Si hay una pregunta que se repite una y otra vez en los medios —incluso en los más serios— es esta: ¿cuántos puestos de trabajo se van a perder por culpa de la inteligencia artificial?

Es normal. El futuro siempre inquieta, y la tecnología, cuando avanza rápido, más aún.

Sin embargo, conviene respirar hondo y poner las cosas en su sitio. La IA es una tecnología nueva, poderosa y todavía inmadura. Va a transformar muchas actividades, sí, pero sus efectos reales están lejos de ser tan claros como algunos predican. Y, sobre todo, no es la primera vez que vivimos algo parecido.

Durante las últimas cuatro décadas hemos atravesado oleadas tecnológicas que han cambiado nuestra forma de vivir y trabajar: informática personal, internet, robots industriales, automatización, teléfonos inteligentes… cada una de ellas generó dudas, temores y titulares. Y aun así, aquí seguimos.  Cambiaron trabajos, desaparecieron tareas y surgieron nuevas profesiones. No fue un proceso indoloro, pero nos adaptamos.

La IA generativa, al ser tan visible y accesible, parece más “disruptiva” que sus predecesoras. Pero eso no significa que vaya a destruir el mercado laboral de un día para otro. De hecho, muchas predicciones catastrofistas proceden de voces interesadas: empresas que buscan financiación, consultoras que desean vender informes, gurús deseosos de minutos de fama. Las malas noticias siempre vuelan más rápido, y este tema es perfecto para generar alarma.

La realidad es más compleja. La IA está avanzando deprisa, pero la adopción empresarial no lo está haciendo al mismo ritmo. Pocas grandes compañías han transformado de verdad su estructura. La mayoría están en fase de pruebas, tanteando dónde encaja y qué beneficios reales aporta. Entre un titular impactante y un cambio estructural hay un abismo.

Además, la IA también abre oportunidades. La historia muestra que quienes se familiarizan pronto con una nueva tecnología suelen encontrar mejores posiciones, mejores empleos y mejores alternativas profesionales. Lo mismo ocurrió con el ordenador personal, con internet o con los smartphones. La clave no fue “protegerse”, sino entender y aprender.

¿Habrá trabajos que desaparezcan? Sí, como siempre. ¿Aparecerán otros nuevos? También, como siempre. El problema no es la IA, sino la velocidad de adaptación. Y en ese punto, cada persona tiene más control del que parece. Quien mantiene la curiosidad activa, se forma y experimenta con estas herramientas tendrá ventaja frente a quien decide ignorarlas.

Quizás, en lugar de preguntarnos cuántos empleos se perderán, deberíamos preguntarnos: ¿qué puedo hacer yo para aprovechar esta tecnología en mi vida y en mi trabajo?

Porque el futuro no se detiene por miedo, y la historia demuestra que, pese a todos los cambios, seguimos encontrando nuestro lugar. Con la IA ocurrirá lo mismo.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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