La noticia cayó como una bomba a finales de octubre: Amazon, una de las mayores empresas del planeta, ha anunciado que sustituirá alrededor de 600.000 trabajadores por robots en los próximos años.

La compañía, con más de 1,5 millones de empleados, planea automatizar cerca del 75% de sus operaciones logísticas, un paso tan ambicioso como inevitable en la carrera tecnológica actual.

Y aunque suene a despidos masivos, Amazon fue clara: no eliminarán empleos actuales, pero reducirán drásticamente las contrataciones futuras. Dicho de otro modo: el trabajo humano no desaparece, pero deja de crecer.

Una cosa hay que reconocerle a Amazon: ha sido directa. No se ha escondido detrás de discursos de “transformación digital” ni de “sinergias tecnológicas”. Simplemente anunció que los robots harán gran parte del trabajo. Y el mercado, lejos de asustarse, lo celebró: las acciones subieron de 213 a 221 dólares en apenas cuatro días.

Ese movimiento refleja la lógica fría de los inversores: si los costos bajan y la productividad aumenta, la empresa vale más.

Y es que Amazon lleva años preparándose para este momento. Hoy más de un millón de robots ya trabajan en sus centros logísticos de todo el mundo. La compañía no solo los utiliza: posee su propia división de robótica e incluso participa en empresas especializadas en robots, automatización y visión artificial.

Durante años, Amazon ha ido reemplazando tareas repetitivas y físicamente exigentes por sistemas automatizados. Desde los robots que mueven estanterías en los almacenes, hasta brazos mecánicos capaces de clasificar paquetes con precisión milimétrica.

Ahora la compañía quiere acelerar ese proceso. El objetivo: automatizar el 75% de sus operaciones logísticas globales. Y el motivo es sencillo: reducir costos operativos, mejorar la eficiencia del servicio y mantener su liderazgo en el comercio electrónico mundial.

En 2023, Amazon facturó 574.800 millones de dólares y obtuvo 30.425 millones de beneficios. Sin embargo, buena parte de esos beneficios proviene de su división en la nube, AWS, no del área logística.

Y ahí está el gran reto: hacer más rentable una red global de distribución que entrega millones de pedidos diarios con márgenes cada vez más ajustados.

Los robots, por su parte, no piden aumentos, no se enferman ni necesitan vacaciones. Operan 24/7, con precisión y consistencia. En un negocio donde cada segundo y cada dólar cuentan, la automatización es el siguiente paso lógico.

El movimiento de Amazon marca un punto de inflexión en la relación entre trabajo humano y tecnología. Si una empresa con más de un millón y medio de empleados puede sustituir una tercera parte de su fuerza laboral por robots, otras grandes compañías seguirán el mismo camino.

Eso no significa necesariamente desempleo masivo, pero sí una transformación profunda de los perfiles laborales. El trabajo físico repetitivo dejará paso a empleos técnicos, de supervisión, programación o mantenimiento de sistemas automatizados.

En otras palabras, los robots no eliminan todo el empleo, pero sí cambian profundamente su naturaleza.

Y aquí surge un debate social y económico inevitable:

. ¿Estamos preparados para formar a millones de trabajadores en nuevas competencias?

. ¿Podrán las políticas laborales y educativas seguir el ritmo de la automatización?

Desde el punto de vista empresarial, el paso de Amazon tiene todo el sentido. Su éxito se basa en eficiencia, rapidez y control de costos. La robótica avanzada permite que los paquetes se muevan más rápido, los errores se reduzcan y los márgenes mejoren.

Lo que hoy a alguien le pueda parecer un movimiento arriesgado, mañana será el nuevo estándar. Y no hay que olvidar que la robótica está madurando a gran velocidad. Los avances en sensores, IA y autonomía hacen que los robots sean más versátiles y económicos que nunca.

La decisión de Amazon no es solo una noticia empresarial: es una señal clara del rumbo que toma la economía mundial. La automatización mayoritaria ya no es ciencia ficción, es estrategia corporativa.

Pero hemos de pensar que al final, la tecnología solo tiene sentido si mejora la vida de las personas. Y eso incluye tanto a los clientes que reciben sus pedidos en 24 horas, como a los trabajadores que deben adaptarse a un mundo donde los robots ya no son auxiliares… sino compañeros.

El desafío ahora será equilibrar la eficiencia tecnológica con la responsabilidad social. Todo un gran reto por delante.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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