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Los híbridos enchufables contaminan mucho más de lo que indican sus cifras oficiales. Durante años hemos escuchado que el coche híbrido enchufable era una especie de solución intermedia perfecta: eléctrico para los trayectos diarios y motor de combustión para los viajes largos.

Sobre el papel, sus cifras de consumo y emisiones parecen extraordinariamente buenas. El problema es que la realidad circulando por carretera es bastante diferente.

Un reciente estudio del International Council on Clean Transportation (ICCT), basado en datos de unos 920.000 híbridos enchufables matriculados en Europa entre 2021 y 2023, ha encontrado una diferencia enorme entre las emisiones oficiales y las reales.

En los vehículos matriculados en 2023, las emisiones reales de CO₂ fueron, de media, 4,6 veces superiores a las cifras oficiales. Y esta es una diferencia extraordinariamente importante.

¿Dónde está el problema? La explicación está en algo aparentemente sencillo: los híbridos enchufables circulan menos en modo eléctrico de lo que supone el sistema de homologación. El procedimiento europeo utiliza un denominado “utility factor”, que estima qué porcentaje de los kilómetros se realizarán utilizando principalmente electricidad. Y el problema es que esa estimación resulta demasiado optimista.

De hecho, el ICCT señala que, mientras el sistema podía asumir una utilización eléctrica cercana al 80% para determinados vehículos, los datos reales apuntaban a una proporción muchísimo menor. Y aquí aparece una paradoja interesante.

Las baterías de los híbridos enchufables han aumentado su capacidad y permiten recorrer cada vez más kilómetros sin utilizar gasolina o diésel. Sin embargo, la proporción de kilómetros que realmente se realizan en modo eléctrico ha disminuido. Como consecuencia, las emisiones reales no han evolucionado como cabría esperar.

¿Estamos ante otro “Dieselgate”? Aquí conviene ser muy rigurosos.

El ICCT fue precisamente una de las organizaciones cuyo trabajo permitió destapar en 2015 el escándalo conocido como Dieselgate. Sus investigaciones demostraron enormes diferencias entre las emisiones de determinados vehículos diésel en laboratorio y en condiciones reales de circulación. Aquello desembocó posteriormente en investigaciones oficiales y en la confirmación del uso de dispositivos ilegales en vehículos Volkswagen.

Pero el caso de los híbridos enchufables es diferente. El estudio actual no demuestra que los fabricantes estén utilizando dispositivos para engañar deliberadamente las pruebas. Lo que pone de manifiesto es que el sistema de cálculo utilizado para homologarlos sobreestima considerablemente la conducción eléctrica real.

Y eso tiene consecuencias. Un coche puede aparecer oficialmente como un vehículo de emisiones muy reducidas y, sin embargo, emitir en carretera mucho más CO₂ del esperado. Esto es una advertencia para Europa. La Comisión Europea ya ha reconocido el problema y comenzó a modificar el cálculo del “utility factor” en 2025, con otra corrección prevista para 2027.

Pero la cuestión de fondo es mucho más importante. Si queremos reducir realmente las emisiones del transporte, las cifras oficiales deben parecerse lo máximo posible a lo que ocurre en la carretera.

Los híbridos enchufables pueden ser útiles cuando se recargan habitualmente y se utilizan de verdad en modo eléctrico. Pero presentarlos sistemáticamente como una alternativa casi eléctrica puede generar una imagen demasiado optimista de su comportamiento ambiental. Es un error, y en parte un engaño.

Y mientras Europa continúa afinando sus normas, los fabricantes chinos siguen avanzando rápidamente en coches eléctricos, baterías y sistemas de carga. Quizá la lección sea sencilla: la transición hacia el automóvil eléctrico no debería retrasarse mediante cifras que no reflejan suficientemente la realidad.

Porque en una industria que está cambiando tan deprisa, retrasar una transformación tecnológica puede resultar cómodo durante unos años. Pero es perder el tiempo engañándose jugando al solitario.

Y eso después se paga muy caro, en especial por parte de los trabajadores del automóvil que van a perder su puesto de trabajo.

Así de injusta es la vida.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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