La idea de taxis aéreos eléctricos sobrevolando nuestras ciudades lleva años rondando titulares, pero pocas veces ha parecido tan cercana como ahora. Dubái, una ciudad acostumbrada a ir un paso por delante, quiere volver a ser escaparate tecnológico. Y todo apunta a que en 2026 podríamos ver vuelos de prueba con pasajeros a bordo de eVTOL (electric Vertical Take-Off and Landing).
No es ciencia ficción. Es planificación, inversión y mucha presión política y tecnológica para que ocurra cuanto antes.
Una de las empresas mejor posicionadas es Joby Aviation, fundada en 2009 con un objetivo muy claro: desarrollar aeronaves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical para el transporte de personas. Desde entonces ha captado alrededor de 3.000 millones de dólares en inversión, una cifra que da una idea del interés y de la seriedad del proyecto.
Joby no es una startup improvisada. Lleva más de una década probando prototipos, acumulando horas de vuelo y afinando un diseño pensado para ser silencioso, eléctrico y seguro, tres requisitos clave para operar en entornos urbanos.
Las autoridades de los Emiratos Árabes Unidos llevan tiempo apostando por convertirse en un referente mundial de la movilidad aérea urbana. Tráfico intenso, grandes distancias urbanas y una administración ágil hacen de Dubái un lugar ideal para este tipo de pruebas.

Joby no va sola. Para hacer realidad estos vuelos colabora con Skyports, especializada en el diseño y operación de vertipuertos, y con Uber, que aporta su experiencia en gestión de transporte y usuarios. La combinación es lógica: aviones, infraestructuras y clientes, todo bien atado.
El plan inicial contempla cuatro vertipuertos. Uno de ellos estará muy cerca del Aeropuerto Internacional de Dubái, y los otros en puntos clave de la ciudad, como la Universidad Americana y zonas de alta demanda de desplazamientos.
La idea es clara: reducir trayectos de una hora por carretera a vuelos de apenas 10 minutos, evitando atascos y estrés, algo especialmente atractivo para viajeros frecuentes y ejecutivos.
El gran reto: la certificación aeronáutica. Aquí está el verdadero cuello de botella. Para transportar pasajeros, un eVTOL necesita la aprobación de las autoridades aeronáuticas, como la FAA en Estados Unidos. Y estos procesos son largos, complejos y extremadamente exigentes.
Por eso, lo más probable es que Joby opere en Dubái con permisos parciales concedidos por las autoridades locales, al menos en una primera fase. Inicialmente, los vuelos se realizarán con piloto a bordo, dejando el vuelo totalmente autónomo para más adelante, cuando la tecnología y la regulación lo permitan. La seguridad, como es lógico, no admite atajos.
Aunque Joby pueda lograr un hito importante este año, no sería la primera empresa del mundo en hacerlo. La china eHang ya está realizando vuelos de prueba con pasajeros en su país, lo que demuestra que la tecnología es viable.
Aun así, que una empresa occidental opere vuelos de pasajeros en una ciudad tan visible como Dubái supondría un impulso enorme a la credibilidad del sector, en el que hay varias empresas intentando hacerse un hueco.
La movilidad aérea urbana llegará, pero no será inmediata ni masiva. Las certificaciones llevan tiempo, la aceptación social también, y los costes deben bajar. Aun así, cada vuelo de prueba acerca un poco más ese futuro.
Tener una forma rápida y eléctrica de llegar al aeropuerto sin atascos es una promesa demasiado atractiva como para ignorarla. Pero, como casi siempre en tecnología, el tiempo lo dirá.