Durante décadas se asumió como una verdad incuestionable que crecer económicamente implicaba contaminar más. Más fábricas, más transporte, más consumo de energía… y, como consecuencia directa, más emisiones de carbono. Era el peaje inevitable del progreso.
El indicador que mejor resume esa idea es el Producto Interior Bruto PIB ( o GDP Gross Domestic Product ). Durante mucho tiempo, quienes defendían el crecimiento económico a cualquier precio insistían en que reducir emisiones significaba frenar la economía. Hoy, esa afirmación empieza a quedarse sin respaldo empírico.
Un reciente informe de la Energy and Climate Intelligence Unit (ECIU) aporta un dato clave: el 92% de la economía global ya ha conseguido crecer sin aumentar sus emisiones de carbono. Es decir, la mayor parte del mundo está logrando desacoplar crecimiento económico y contaminación. Y esto marca un punto de inflexión histórico.
El desacoplamiento ya es una realidad. Según datos del Global Carbon Budget, este fenómeno no es una excepción puntual, sino una tendencia clara en las economías avanzadas. Cada vez más países aumentan su PIB mientras reducen o estabilizan sus emisiones.

Esto se explica por varios factores combinados:
. Energías renovables más baratas que los combustibles fósiles.
. Mejores tecnologías de eficiencia energética.
. Electrificación del transporte y de la industria.
. Digitalización de procesos y servicios.
El resultado es una economía más eficiente, menos intensiva en energía y, sobre todo, menos contaminante.
China suele citarse como el gran ejemplo. Desde 2015, la economía china ha crecido alrededor de un 50%, mientras que sus emisiones lo han hecho solo un 24%. Y en el último año y medio, su crecimiento económico no ha ido acompañado de un aumento de emisiones.
Si un país que partía con un fuerte retraso ambiental ha sido capaz de iniciar este desacoplamiento, queda claro que no es un problema técnico, sino principalmente político y estratégico.
Este es un mensaje importante para el futuro. Pues estos datos tiran por tierra el discurso de que proteger el clima es incompatible con el desarrollo económico. Hoy sabemos que se puede crecer sin contaminar más, y que retrasar la transición solo encarece el problema.
Cuanto antes se reduzcan las emisiones, menor será el coste económico, social y climático. Las soluciones existen, funcionan y ya están en marcha en buena parte del mundo.
No se trata de elegir entre economía o clima. Esa dicotomía ya no es válida. El verdadero reto es acelerar un nuevo modelo de crecimiento que ya ha demostrado que es posible.
Y esta vez, los datos juegan a favor del optimismo. Veremos como evoluciona la realidad.