Mientras gran parte del mundo mira con fascinación los avances de la inteligencia artificial, hay un dispositivo discreto, silencioso y con más de 70 años de historia que sigue plenamente vigente: la calculadora. Un aparato sencillo que muchos dan por superado, pero que continúa vendiéndose por millones cada año.

La primera calculadora electrónica apareció en 1957. Desde entonces ha evolucionado poco en apariencia, pero mucho en fiabilidad y eficiencia. Lejos de desaparecer, en 2024 se vendieron más de 39 millones de calculadoras en más de 100 países, con Casio como principal fabricante mundial. Una cifra que sorprende en plena era de los smartphones y la IA.

La gran fortaleza de la calculadora es su disponibilidad permanente y su fiabilidad. Funciona con pilas que duran años, se enciende al instante, no necesita conexión a Internet y no depende de sistemas operativos ni actualizaciones. Simplemente funciona.

Por eso sigue estando presente en gasolineras, comercios, oficinas, bancos y pequeños negocios. Muchas personas que trabajan con números prefieren una calculadora física frente a la del móvil: es más rápida, más visible y evita distracciones.

Vivimos rodeados de dispositivos complejos. Teléfonos que hay que desbloquear, aplicaciones que se actualizan, notificaciones constantes y baterías que se agotan rápido. La calculadora es justo lo contrario: un botón, un número y un resultado.

Esa simplicidad es su mayor valor. No pretende hacer más de lo necesario, y precisamente por eso sigue siendo útil. En un mundo hiperconectado, contar con una herramienta independiente, barata y robusta es una ventaja real.

En muchos países en desarrollo, la calculadora sigue siendo una herramienta básica de trabajo y educación. Su bajo coste y fiabilidad la hacen ideal allí donde el acceso a smartphones o electricidad constante no está garantizado.

Incluso en el mundo industrializado, sigue siendo más cómodo usar una calculadora dedicada que abrir una aplicación en el móvil para operaciones rápidas.

¿Tiene fecha de caducidad? Es difícil saber cuántos años más seguirá acompañándonos. Pero todo indica que le quedan muchos. Mientras exista la necesidad de calcular de forma inmediata, fiable y sin depender de otros sistemas, la calculadora tendrá su espacio.

No compite con la inteligencia artificial ni con los móviles. Simplemente hace bien lo que siempre ha hecho. Y a veces, eso es más que suficiente.

Como ocurre con muchas tecnologías sencillas pero bien diseñadas, su mayor virtud es pasar desapercibida… y mientras, sigue siendo imprescindible.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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