Cuando uno observa la evolución del coche eléctrico, la energía renovable o las nuevas tecnologías industriales, el contraste entre China y Estados Unidos es llamativo. Mientras China acelera en todos los frentes, Estados Unidos parece avanzar con un freno de mano puesto, confiando en un futuro energético que aún no existe. Y la pregunta surge sola: ¿cómo es posible que la mayor potencia económica del planeta esté cediendo terreno en sectores clave del siglo XXI?

Las cifras hablan solas. China es líder mundial en energía solar, en energía eólica, en baterías, en coches eléctricos, en trenes de alta velocidad, etc …. No es una apuesta a futuro: es una realidad presente. En cambio, Estados Unidos mantiene políticas inconsistentes que frenan la expansión de estas tecnologías, como si no acabaran de aceptar hacia dónde va el mundo.

El clima ya está cambiando, y sus efectos son visibles cada año. Sequías, incendios, inundaciones, pérdidas económicas y desplazamientos de población. La transición energética no es capricho ideológico: es necesidad, supervivencia y competitividad industrial. Y aun así, Estados Unidos actúa como si tuviera tiempo infinito, mientras China continúa ampliando su ventaja tecnológica.

Lo más sorprendente es que estas tecnologías ya son más económicas que sus alternativas fósiles. La energía solar y la eólica han alcanzado precios récord a la baja, y las baterías están reduciendo su coste a una velocidad que pocos imaginaban hace diez años. En muy poco tiempo, los coches eléctricos serán tan baratos o más baratos que los de combustión, y ya superan en ventas a los de gasolina en varios países asiáticos y europeos. ¿Y quién lidera esa producción? China, que fabrica más vehículos eléctricos que el resto del mundo junto.

A pesar de todo, parte de Estados Unidos apuesta casi ciegamente por la energía de fusión como “solución mágica”. Una tecnología prometedora, sí, pero que según la mayoría de expertos está todavía a décadas de convertirse en una fuente estable y rentable. Creer que la fusión resolverá todos los problemas energéticos en el corto plazo es arriesgado. Y mientras tanto, China avanza con tecnologías reales, probadas y escalables hoy.

Lo que estamos viendo no es solo una disputa comercial. Es una carrera por controlar la base energética y tecnológica del futuro. La electricidad barata y renovable será la columna vertebral de la economía global. Las baterías serán uno de los recursos más estratégicos del planeta. Y la movilidad eléctrica será un estándar industrial tan normal como lo es hoy el motor de combustión.

Hoy la industria de automoción es una de las más importantes en cuanto a la generación de riqueza y de trabajo, y parece que el futuro eléctrico lo hemos dejado en manos de los chinos. Ellos son los líderes con diferencia, y se siguen distanciando.

Algunos países ya lo han entendido. Otros ( entre ellos los USA ) parecen mirar hacia otro lado, confiando en que “ya habrá tiempo” o en que “algo aparecerá” para mantenerse en cabeza. Pero la historia de la tecnología es clara: quien empieza antes y escala más rápido suele quedarse con el mercado.

El mundo cambia a gran velocidad. Algunos corren para adelantarse y otros confían en su pasado. La pregunta es inevitable:

¿Simplemente no quieren aceptar lo evidente? ¿O ven algo que otros no vemos?

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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