Es una pregunta provocadora, lo sé. Pero cada vez que observo lo que sucede a nuestro alrededor, me la hago con más frecuencia: ¿estamos perdiendo la capacidad de pensar por nosotros mismos?

Y lo preocupante es que, tal vez, la respuesta sea sí.

Vivimos rodeados de pantallas, notificaciones y estímulos constantes. Cada día nos llegan miles de opiniones, comentarios y titulares sobre temas que, en la mayoría de los casos, son irrelevantes. Ese ruido mental nos distrae, nos agota y, poco a poco, nos acostumbra a no pensar. Es un ruido digital que nos adormece

Las redes sociales, los vídeos cortos, los hilos interminables y los debates vacíos nos rodean como un enjambre constante. Nos entretienen, sí, pero también nos anestesian. Pasamos horas “consumiendo contenido” que no nos aporta nada, pero que nos mantiene dentro de las plataformas. Y eso no es casualidad.

Las apps están diseñadas para retenernos, para que no las soltemos nunca. Cuanto más tiempo pasamos en ellas, más datos generamos. Y esos datos se traducen en dinero. Así de simple. Nuestro tiempo y atención son el nuevo petróleo digital. No somos usuarios, somos el producto.

El problema es que, en este intercambio invisible, perdemos algo valioso: la capacidad de reflexión. Ya no pensamos en profundidad sobre lo que vemos. Nos basta con una opinión rápida, una frase ingeniosa o un vídeo de 15 segundos.

Y ahora la Inteligencia Artificial ha entrado en escena. Y aunque puede ser una herramienta maravillosa, también puede reforzar esa tendencia a “pensar menos”. La IA nos da respuestas inmediatas, resúmenes, soluciones. Pero no siempre tiene la razón.

El usuario debe tener criterio para discernir si la respuesta es correcta o no. Y ese criterio solo se desarrolla con conocimiento, experiencia y pensamiento crítico.

Sin embargo, si lo que hacemos es aceptar sin cuestionar, estamos delegando nuestra capacidad de pensar en una máquina. Y eso es peligrosamente cómodo.

Vivimos en la cultura del “no esfuerzo”. Tenemos tantas herramientas a mano que ya casi no hacemos nada por nosotros mismos:

. Antes, si queríamos llegar a un sitio, abríamos un mapa. Hoy, seguimos al GPS.

. Si necesitamos hacer una cuenta, usamos la calculadora.

. Si hay que redactar un texto, pedimos ayuda a una app o a una IA.

Y cuanto menos ejercitamos el pensamiento, más se atrofia. Igual que un músculo que no se usa.

Esta comodidad nos está volviendo dependientes. Lo que antes era una herramienta para facilitarnos la vida, hoy puede estar sustituyendo nuestra propia capacidad de pensar.

Uno de los mayores riesgos está en las nuevas generaciones. Muchos jóvenes utilizan la IA para hacer sus tareas escolares, pero sin tener aún criterio para juzgar la información que reciben.

Escribir, razonar, equivocarse y corregir son procesos fundamentales para aprender a pensar. Si delegamos eso en una máquina, los estudiantes acabarán sabiendo menos, pero creyendo que saben más.

Por eso, enseñar a pensar críticamente debería ser tan importante como enseñar matemáticas o inglés. No basta con consumir información: hay que saber analizarla, contrastarla y entenderla.

He leído a algunos hablando del peligro del pensamiento dirigido. Una sociedad que no piensa por sí misma es una sociedad fácil de manipular. Las personas sin pensamiento crítico terminan creyendo lo que oyen en redes, lo que dicen los influencers o lo que repiten los medios.

Y así es como algunos dirigentes, con mucho dinero y poder detrás, llegan al poder sin que la gente sepa realmente por qué los vota. No hay conspiración: hay falta de pensamiento.

El “aborregamiento” del que tanto se habla no surge de la ignorancia, sino del desinterés por reflexionar. Y si dejamos de pensar, otros lo harán por nosotros… y casi siempre en su propio beneficio.

Quizás no nos estamos volviendo más tontos en el sentido clásico, pero sí más distraídos, más conformistas y menos críticos. Y eso, en la práctica, nos hace más manipulables.

No se trata de rechazar la tecnología, sino de usarla con conciencia, sin dejar que piense por nosotros. Porque pensar sigue siendo el acto más revolucionario que podemos hacer en un mundo que busca mantenernos distraídos.

Y tú, querido lector, ¿tienes la misma sensación que yo… o soy yo el que piensa demasiado?

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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