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Hablando hace unos días con unos amigos sobre las olas de calor que estamos sufriendo en distintos lugares del mundo, me di cuenta de algo que me hizo reflexionar. Todos hablábamos del clima como si fuese algo ajeno a nosotros, una especie de escenario donde transcurre nuestra vida, pero que no forma parte de ella.

Y, sin embargo, ocurre justo lo contrario. Los seres humanos dependemos del clima y del ecosistema exactamente igual que cualquier otra especie animal o vegetal. No existe un planeta por un lado y nuestra vida por otro. Nosotros somos naturaleza. Respiramos gracias a los bosques y los océanos, nos alimentamos de los suelos fértiles, del agua y de los ciclos naturales, y nuestra salud depende de que ese equilibrio se mantenga.

Quizá el problema sea que la mayoría vivimos en ciudades. El asfalto, los edificios, el aire acondicionado y la tecnología crean la sensación de que estamos protegidos de la naturaleza. Parece que podemos controlar nuestro entorno y que el clima solo influye cuando llega una ola de calor o una tormenta.

Pero esa sensación es engañosa. Podemos climatizar nuestras viviendas, pero no podemos climatizar los campos donde se cultivan los alimentos, los embalses que almacenan el agua o los ecosistemas que mantienen la biodiversidad. Cuando el clima cambia de forma acelerada, toda esa compleja red de la que dependemos también cambia.

Y las consecuencias terminan llegando a nuestra mesa, a nuestra salud y a nuestra economía. Los científicos llevan décadas advirtiendo de que el aumento de la temperatura global incrementa la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como olas de calor, sequías o lluvias torrenciales. Los registros climáticos muestran que el planeta continúa calentándose y que la energía acumulada en el sistema climático sigue aumentando.

A menudo pensamos que estos problemas solo afectan a lugares lejanos. Sin embargo, basta observar lo ocurrido en Europa durante los últimos veranos para comprobar que las temperaturas extremas ya forman parte de nuestra realidad, afectando a la salud, la agricultura, el suministro de agua, el transporte y la productividad económica.

Lo preocupante es que seguimos actuando como si el futuro estuviera muy lejos. Los intereses económicos a corto plazo suelen imponerse sobre las decisiones necesarias para proteger el medio ambiente. Muchas empresas buscan maximizar beneficios inmediatos. Los gobiernos, condicionados por los ciclos electorales, rara vez impulsan medidas impopulares cuyos beneficios se verán dentro de veinte o treinta años.

Mientras tanto, la publicidad nos anima continuamente a consumir más, renovar antes de tiempo lo que aún funciona y mantener un modelo que exige cada vez más recursos naturales. No pretendo señalar culpables concretos. Todos formamos parte del problema y todos debemos formar parte de la solución.

A veces incluso me pregunto si no estaré exagerando mi preocupación. Después de todo, por mi edad probablemente no llegaré a sufrir las peores consecuencias de estos cambios. Pero luego pienso en mis nietos, y ellos sí vivirán el mundo que estamos destruyendo hoy.

Y entonces resulta difícil no sentir cierta frustración al comprobar lo cortoplacistas que podemos llegar a ser como sociedad. No porque nos falte inteligencia, sino porque con demasiada frecuencia priorizamos el beneficio inmediato sobre el bienestar futuro.

La buena noticia es que todavía estamos a tiempo de actuar, y algo se está haciendo. Cada decisión cuenta: consumir de forma más responsable, proteger los ecosistemas, apostar por energías limpias, reducir el desperdicio y exigir políticas que miren más allá de la próxima legislatura.

Porque cuidar del clima no consiste únicamente en proteger la naturaleza. Consiste, sobre todo, en proteger nuestra propia calidad de vida y la de quienes vendrán después.

Al fin y al cabo, no dependemos de la economía para poder respirar. Dependemos del planeta.

Amador Palacios

Por Amador Palacios

Reflexiones de Amador Palacios sobre temas de Actualidad Social y Tecnológica; otras opiniones diferentes a la mía son bienvenidas

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